SCHIRRMACHER (Ego: las trampas del juego capitalista, 2015)

Trader Christopher Lotito, center, works on the floor of the New York Stock Exchange Thursday, Oct. 31, 2013. Stocks edged lower in early trading on Wall Street Thursday, paring the market's big gain for October. (AP Photo/Richard Drew)

“Desde hace siglos que hay quienes han intentado descubrir cómo funciona el ser humano, y todos ellos, sean adivinos, filósofos o psicólogos, fracasaron finalmente. ¿Por qué iban a ser nada menos que los economistas quienes redujeran la imprevisibilidad humana a una fórmula?

Tuvieron una idea brillante: dejaron de preguntar cómo funciona el ser humano para preguntarse cómo debería funcionar para que sus fórmulas encajaran. La respuesta era evidente: todos los problemas que se derivan del factor de incertidumbre que es el ser humano se convierten en humo si se supone por fuerza que en lo que piensa y en lo que hace siempre se guía por su propio provecho. Esta teoría tenía la ventaja de que siempre funcionaba y hacía que todo fuera calculable. ¿El de enfrente es opaco? Se vuelve transparente como el vidrio si se supone que lo único que quiere es aumentar su beneficio. ¿Unas personas ayudan a otras? Lo hace porque quieren hacerse el bien a sí mismas.

Los defensores de la teoría de juegos no tuvieron ni siquiera que abrir la tapa de los sesos de las personas para dirigirlas. Lo único que tuvieron que hacer era reducirlas a una fórmula de maximización del beneficio […]”.

Frank Schirrmacher, Ego: Las trampas del juego capitalista, Tr. Sergio Pawlowsky. México: Ariel, 1a edición, 2015.

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