Conclusión de la primera temporada de MADRUGADA

¿Qué pueden decirnos hoy unos preceptos atribuidos a la tradición pitagórica sobre nuestra manera de vivir? Mucho más de lo que pudiera parecer. La relación con nuestros hábitos, la medida, el cuerpo, la amistad, la muerte, la reflexión sobre nuestros actos o la posibilidad de reconocer aquello que nos hace daño siguen siendo problemas profundamente actuales.
Desde una mirada fenomenológico-existencial, estos antiguos “remedios” pueden leerse menos como normas que debemos obedecer y más como invitaciones a observar nuestra propia vida: cómo vivimos, qué repetimos, qué evitamos y hacia dónde estamos orientando nuestros actos. Esa misma atención a la experiencia cotidiana ocupa un lugar importante en mi práctica de psicoterapia existencial.
Remedios pitagóricos para nuestra vida cotidiana
Para l@s madrugador@s
Honra y respeta tus juramentos a los dioses, a los cuatro elementos, a las siete direcciones y a tu dáimon. Venera a tus padres y a tus familiares más próximos. Házte amigo de esas personas que se manejen con amabilidad hacia ti y que sus actos sean concretos y “útiles”. Sé tolerante con que cometerán errores; en ocasiones serán significativas las consecuencias de sus actos; en la medida de tus posibilidades no los desprecies por los pequeños desatinos pues “la capacidad mora cerca de la necesidad”: sé apto y permite un espacio para admitir algo más y ten presente que eso es próximo a lo que nos es irresistible.
Domina tus costumbres: la comida, el descanso, el sexo y el enojo. Ten cuidado con hacer cosas degradantes ante los demás o ante ti mismo, pues la vergüenza nos espera en la soledad. Sé justo en tus acciones y palabras. No faltes a tu razón al obrar. Ten presente que la muerte es nuestro destino, el de todos, y que no te llevarás riquezas al Otro Mundo. Los dolores, tus enfermedades, son azares divinos, son destino: sopórtalos y no te indignes.
Que ninguna razón te aleje de “actuar por ti mismo”. Si alguien buscara difamarte sin verdad, aguanta dócilmente las mentiras. Dí y haz lo que sea «lo mejor» y no te arrepentirás. “Piensa antes de obrar” para no pasar por un ignorante; de lo contrario parecerás ser un hombre o una mujer sin sentido, insensata, falta de razón. Haz lo que entiendas… de lo contrario, aprende lo que necesitas. Cuida tu cuerpo bebiendo y comiendo con medida y haciendo ejercicio. El límite de la medida es el perjuicio a ti mismo: no hagas nada que te dañe. Busca una vida pura y calmada y no hagas cosas que levanten envidias. No gastes de más ni dejes de hacerlo: sé medido.
Todos los días antes de dormir: repasa tres veces cada hecho del día: ¿Dónde rompí las reglas anteriores? ¿Qué conseguí con ello? ¿Qué deber dejé de cumplir? Ante el repaso del día: si violaste algo, atormentarte; si no, disfrútalo: esfuérzate en no quebrantar las reglas, cuídate de no violarlas y más bien desea el persistir en ellas: comprométete pero, sobre todo, “reza por cumplirlas con oraciones a los dioses”. Con ello estarás sembrando la “divina virtud”, a entender: sabrás reconocer. ¿Qué? Sabrás atender “la composición de los dioses inmortales y de los hombres mortales” y “como todo lo penetra, como todo se gobierna”. Atiende a la mujer que acoge favorablemente, al hombre que aguarda, los que aplican voluntariamente el entendimiento a un objeto espiritual o sensible.
Ley: “la naturaleza es en todo igual” así que has de esperar lo esperable y nada te ha de pasar inadvertidamente. Padecemos lo que elegimos por nosotros mismos y al padecer carecemos de dicha pues teniendo tan cerca «el bien» no lo vemos. ¿El bien? Recuerda: La Vida aspira a lo que hay de mejor. Todos podemos ser aristócratas, es decir, aspirar a lo que haya de mejor. Esto es cierto, tendemos a lo mejor para nosotros, de manera que el «mejor bien» es lo que nos guía. “La tensión hacia el Bien, hacia lo mejor, hacia la sobrevivencia, es así inmanente a la vida”. Podemos o no ser conscientes de ello. ¿El Bien? En breve: eso que hace que nuestra vida sea digna de ser vivida.
¿Cómo dar solución a nuestras desdichas? Soportándolas a la par de nuestras contrariedades, aquellas oposiciones que nos afectan —sin darnos cuenta. Entonces, ¡date cuenta y aléjate de la contrariedad!
Gilberto Santaolalla
Este texto surgió originalmente como conclusión de la primera temporada de Madrugada en diciembre del año 2022.


