¿Qué hacer con nuestra ira, según Tolstói?

Hyeronimus Bosch, extracto

¿Qué recomendaciones hace Tolstói sobre cómo manejar nuestra ira?

El pecado de la malevolencia

[Malquerencia [mala voluntad contra alguien o contra algo], enemiga [enemistad, odio, oposición], mala voluntad], “la aversión por los seres humanos”: mala voluntad contra alguien o contra algo. Lo terrible no es la muerte sino el odio de los seres humanos.

Lo absurdo de la ira

Sentir ira hacia el prójimo es irracional pues en todos nosotros vive el mismo Dios. En todo habita el espíritu de Dios. En todos nosotros viven el Espíritu divino, por lo tanto todos estamos cerca de todos. Hay personas que no saben distinguir entre el bien y el mal. Si tu sabes identificarlo nadie puede obligarte a hacer el mal. El cuerpo es el que se enoja no nuestro espíritu. Al relacionarte con otros aplica este remedio para diluir tu enojo si es que este surgiera: cambia el «qué necesito yo» por «qué necesita aquella o aquel» y pregúntate también “qué necesita de nosotros el Dios que habita en ambos”. No desprecies ni admires en demasía a los demás, te alejará de poder ver lo bueno y te dispondrá a exigirle demasiado al otro, respectivamente. Desprecia lo corporal y respeta el lado espiritual de cada quien.

Cuánto más baja es la opinión que el hombre tiene de sí mismo, más bondadoso es

Quien comete un mal es porque se ha extraviado. En vez de enojarnos compadécete de esa persona y trata de convencerle que ha perdido su mayor bien: “el de saber vivir sensatamente”. Y no olvides que tu mismo te has extraviado, y has actuado mal. Los que se la pasan señalando los defectos del resto creen que con eso hablan del valor que ellos mismos tienen; falso, la crítica sólo habla de nuestra debilidad. El que es malo justifica aún más el que “ejercitemos” nuestra benevolencia, por ellos y por nosotros mismos. Si te enfadas con alguien no busques echarle más leña al fuego además fijándote en todos sus defectos. Haz lo contrario, fíjate en sus bondades, busca lo bueno que tenga y entonces podrás amarlo, aliviando tu corazón y además sentirás alegría. Los que sufren por el cuerpo y los que sufren por el alma; a los primero ayudarlos, a los segundos compadecerlos y prestarles ayuda. Quien te parezca insensato has un esfuerzo por suponer que lo quiso ser, que quiso se sensato, y así podrás ayudarlo a encontrar, dentro de sus propias ideas (es decir, no quieras inocular tu manera de ver las cosas), aquellas que le han hecho extraviarse. Mostrarle esa ideas que han salido de ella misma, y que mediante su intelecto, concluya que se ha equivocado. “Sólo se puede convencer a un hombre mediante su propio intelecto”. Si te enoja algo que haya hecho alguien intenta comprender qué le ha hecho hacer eso.

Es estúpido enojarnos porque el otro no haga lo que queremos que haga. Si recordar a alguien te enoja entonces hay rencor. Controla tu enfado: no es lo exterior lo que es culpable sino eres tu. Nuestro enojo es directamente proporcional a qué tan en serio nos tomamos en cuenta: ése/ésa quien nos decimos ser y que lo valoramos como <<muy importante>>. Para estar por encima de la ira perdona y ama a quien te ha ofendido. Si tu enfado no cesa, por lo menos no lo muestres… ni con palabras ni con acciones. “La ira siempre viene de la impotencia”: no soy capaz de… Cuidado con las provocaciones de los demás, “no hagas lo mismo que él” o ella.

La necesidad del amor para relacionarse con la gente

Se requiere amar a las personas con las que nos relacionamos para evitar el sufrimiento. Para tratar a las personas se requiere tratarlas con amor… es el cuidado que se demanda. De otra manera relacionarte con los demás se vuelve peligroso. El que no siente amor por la gente ha de dedicarse a su persona, a sus cosas, pues de otra manera, si uno trata con otros sin amor, uno se vuelve un salvaje y hace daño. Si alguien te daña, huye si eres más débil; responde si lo sientes necesario, pero la persona sensata se dice: “«Este hombre me ha ofendido, asunto suyo; lo mío es hacer lo que considero correcto: comportarme con él como me gustaría que se comportaran conmigo»”. Ante el que se queja y se muestra descontento, logras poco exasperándote y diciéndole que debería disfrutar las cosas, no es así como “se acaba con lo malo”, sino mediante la benevolencia hacia el otro y que solemos guardarlo y no mostrarlo, por distintos temores. Estar descontentos con nosotros mismos es “estar descontento con nuestras acciones” pero no con nuestra alma… Al alma, la nuestra y la del prójimo, no nos merece descontento sino amarla. Para amar a otro hay que cuidar: no hablarle mal, ni hablar mal de él, y tampoco a no pensar mal de él o ella, “no dejar que el sentimiento de malevolencia penetre ni siquiera en nuestros pensamientos”. Si te molesta algo de alguien que cae en un vicio no te enfades con él o ella pues, aunque digas que deberían de fijarse y corregir, tu también deberías fijarte y corregir (usar tu razón) en vez de enfadarte con los vicios del otro que no logra ningún efecto, lo que uno ha de hacer es “intentar despertar su conciencia tratándolas con bondad e inteligencia, sin ira, sin impaciencia y altanería”. El que tienen el vicio de la maledicencia [maldecir, quejarse todo el tiempo] no nos debe enfadar sino compadecernos pues “no conoce la dicha del buen estado de ánimo”. Nuestros enemigos, por su parte, representan la mayor oportunidad para la “compasión y el amor divino”.

Lucha contra el pecado de la malevolencia

Cuando los demás nos critican y entonces no sentimos mal, tristes y descontentos. ¿Qué hacer? a) Ser humildes en reconocer nuestras debilidades, en conocerlas y, entonces, el que otro te las señale no debería de enfadarte aunque es cierto que al hacerlo tal vez no es muy amable pero tiene razón. b) Sé razonable, los otros nos ven de una manera, tengan o no razón nos hacen dudar, nos hace ponernos en cuestión y entonces algo, aunque sea muy pequeñito, cambiaremos la opinión que tenemos de nosotros mismos. c) Perdonando haciéndoles el bien y “si a ellos no los cambias, tú aprenderás a dominarte”. Recuerda que el o la otra hacen lo que creen que es mejor para ellos y desde ahí actúan con razón. Que sea desagradable para ti es otra cosa. Centrarte en el otro y si realmente lo que hace no es lo mejor para sí mismo sino lo peor, no te enojes con el otro, sino compadécelo.

La malevolencia es sobre todo nociva para quien la experimenta

A quien más daña la ira es al que se enoja; pero no quiere decir que los otros también se vean afectados. Además el enojo siempre es más nocivo que aquello que nos enoja. Los que se enojan fastidian a los demás. No hagas el mal a los demás. Si quieres ser un alma libre has de cuidar: no enojarte contra alguien, no temer todo el tiempo (aflicción) y no te entregues a las pasiones. Uno piensa que está enojado con el otro, con el enemigo, sin darse cuenta que el enemigo real es la ira que ha entrado en nuestro corazón. Ojo con albergar mal en el corazón. Aunque hallas sido humillado y sufrido por ello no te metas en peleas, perdona y tendrás bienestar.

Referencia

Lev Tólstoi, El camino de la vida, Tr. Selma Ancira. Barcelona: Acantilado, 2019.

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