Un extranjero en tu casa por una noche: una conversación de apoyo

Escucho atenta y pausadamente lo que decidas compartirme… y sólo por una ocasión.
Una conversación de apoyo… por una sola ocasión
Hay momentos en los que no necesariamente buscamos iniciar un proceso psicoterapéutico, pero sí necesitamos hablar con alguien que escuche con atención, sin prisa y sin estar implicado directamente en nuestra historia.
Un extranjero en tu casa por una noche es una conversación de apoyo, por una sola ocasión, que la he pensado para que el otro pueda abrir un problema, un dilema, una pena, una decisión difícil, un anhelo por realizar o una situación que pide ser mirada desde otro lugar.
No es una psicoterapia breve ni una sustitución de un proceso terapéutico. Es, más bien, un espacio de escucha y diálogo donde alguien ajeno a tu ciudad interior puede mirar ─junto a ti─ aquello que, desde dentro, quizá se ha vuelto demasiado confuso, repetido o solitario.
Un extranjero… una metáfora
La imagen que sostiene este espacio es la de un extranjero que llega por una noche a una ciudad que no es la suya. Desde esa cercanía-lejana, puede escuchar lo que sus habitantes discuten desde hace años y decir algo, sin pertenecer del todo a esa historia.
La ciudad que eres, con la población que te habita, con sus asambleas en lo profundo para tratar un tema que preocupa. Todos se conocen desde siempre en ese interior tuyo morada de lo íntimo, que nadie más comprende como sus habitantes lo hacen. Son tus recuerdos y tus sueños; son tus temores y tus vergüenzas; son tus nociones de ti mismo y tus puntos ciegos, quienes en ti, dialogan sin cesar. Todos se conocen desde siempre pues se criaron juntos desde tu niñez. Se saben las tretas juveniles para engañarse, para convencerse. Saben sobre qué insistir con vehemencia y también sobre lo que nunca se habla pues sospechan que la paz entre todos puede verse amenazada.
Un día pasa por ahí un Extranjero: el hijo de la guerra le llaman. Pernocta en tu ciudad por una noche. Observa desde su ventana la asamblea de tus habitantes. Has sido tú quien lo has acomodado en aquella posada tuya en el centro de tu ciudad. Escucha con atención la bulla de tus reuniones y valora desde ese lugar privilegiado: uno de un total desconocimiento de las razones y motivos por las que se discute sobre ciertos temas y no por otros y, además, de un modo particular que puede comprobar por observar cómo se discute. Ese forastero es el único en esa interioridad ficticia que es ajeno y que posee el báculo del desconocimiento sobre lo tuyo. Es un nómada feroz en una lejanía cercana respecto a lo que alcanza a escuchar de ti. Es un desposeído de tierras en una cercanía lejana respecto a lo que puede susurrar por encima de tu hombro.
Y es ahí donde radica la posibilidad de su poder transformador… que te ofrece con sumo respeto: en poder opinar sobre lo que no le es ajeno (pues también es un hombre que se relaciona con otros) sin representar para él un conflicto de interés pues, finalmente, él no vive ahí en tu ciudad y, por lo tanto, no teme ser exiliado de donde sólo está de paso. Y aunque fuera invitado nuevamente nunca más su carácter de extranjero podría cumplirse pues en amigo o conocido, o en consejero o bufón, se convertiría, y esas figuras cumplen otras funciones en tu ciudad interior.
Él, el que sacude el avispero, el que expresa libertad, no teme reprimendas por opinar sobre tu vida y sus cosas fijas pues, finalmente, a la mañana siguiente tomará sus cosas y partirá a otra ciudad. Incluso te paga por quedarse en tus posadas aunque no rechazará si tú, a cambio de su punto de vista, le recompensaras con unas monedas de oro, un modo convencional de agradecer sus servicios.

¿Qué te ofrezco en concreto?
- Te ofrezco una conversación de apoyo por una sola ocasión.
- Durante ese encuentro, escucho atenta y pausadamente aquello que decidas compartirme: un problema, un dilema, una situación difícil, un sueño por realizar, un conflicto, una pena o cualquier asunto que en ese momento necesite ser puesto en palabras.
- El tiempo de la conversación dependerá de lo que consideres necesario para plantear tu situación. Antes de reunirnos, te pediré que me digas cuánto tiempo estimas que necesitarás.
- Después de escucharte, podré hacer algunas preguntas para aclarar lo que aparece, compartirte lo que pienso al escucharte, decirte cómo resuena en mí tu relato, sugerirte alguna lectura, película o documental, proponer algún gesto concreto o recomendarte conversar con alguien más si eso parece necesario.
Lo que este espacio no…
- … sustituye un proceso psicoterapéutico individual, ni está pensada para atender situaciones de emergencia o crisis aguda.
- Si lo que aparece durante la conversación requiere un acompañamiento más continuo, podré decírtelo con claridad y sugerirte que consideres iniciar un proceso psicoterapéutico o buscar otro tipo de apoyo especializado.
¿Qué costo tiene?
Este espacio funciona bajo donativo voluntario. La intención es que la aportación sea justa y adecuada a tus posibilidades económicas, y también al valor intangible que recibas después de la conversación.
Si quieres tener una conversación de apoyo por una sola ocasión, puedes escribirme para contarme brevemente qué te gustaría abrir y cuánto tiempo consideras que necesitarías.
Este espacio es sostenido por Gilberto Santaolalla, psicoterapeuta fenomenológico-existencial dedicado desde 2010 al acompañamiento individual. Puedes conocer más sobre mi recorrido en la página Sobre el psicoterapeuta.



