Obedecerse a sí misma

CREATOR: gd-jpeg v1.0 (using IJG JPEG v62), quality = 75
H. Lyman Saÿen, The Thundershower, ca. 1917-1918

Étienne de La Boétie (1530-1563) nos recuerda el “simple deseo”1 con el que una puede obtener su libertad; un deseo alimentado no de poder, codicia y dominación, sino de valor y generosidad. ¿Hemos perdido el deseo? Y si no, ¿en dónde está puesto? ¿Deseamos ser libres?

Para de La Boétie la libertad (a mediados del siglo XVI) ha dejado de ser deseada por una razón: por cobardía. Un dejar de hacer por uno (un descuido de una) por temor a las represalias que dejar de hacer por el tirano pudieran traernos. Ser libre es para de la Boétie “dejar de servir”2, un “simple” dejar de hacer. Es para él una voluntad innata, un hecho natural, una condición por la que hasta las bestias prefieren morir antes que perderla3, o, por lo menos, mostrar señales de estar siendo obligados a servir en contra de su instinto. Los animales protestarían jalando las cadenas, sacudiendo sus cuerpos, aunque esto implicase la flagelación de su carne en las coyunturas encadenadas.

Y nosotros… protestamos, expresamos nuestra queja o disconformidad. Sin embargo, a diferencia de los animales, ¿protestamos siendo conscientes de nuestra libertad? ¿Qué sería tener consciencia de nuestra libertad? De La Boétie nos da algunas claves: libres son las que quieren conservar su libertad pues son conscientes de ser libres, y por lo mismo luchan en contra de la dominación y la codicia de aquellas que quieren quitarles la libertad, hacerles siervos y esclavos. Libres son también los de “mente despejada y espíritu clarividente”4, que “recuerdan también las cosas pasadas para juzgar las del porvenir y ponderar las presentes”5. Libres son aquellas que el dolor de la batalla no les importa, pues son conscientes que habrá otros que vendrán después de ellos, y en este sentido es que son generosos. Libres son los que actúan con valor.

Sin embargo, comenta y se pregunta De la Boétie…

“[…] ya que todo ser humano, consciente de su existencia, siente la desgracia de la sumisión y persigue la libertad […] ¿qué desventurado vicio pudo desnaturalizar al hombre, único ser nacido realmente para vivir libre, hasta el punto de hacerle perder el recuerdo de su estado original y el deseo de volver a él?.”6

Para de La Boétie, “por naturaleza” (siendo para él lo natural una condición previa a nosotros que busca el bien y no nuestro perjuicio), queremos obedecernos a nosotros mismos, a nuestra “propia razón”7, sin que esto garantice que podamos ser sometidos por un otro. Si estamos sometidos es por dos razones: porque hemos sido obligados o engañados. Obligados sólo lo concibe como resultado de la fuerza extranjera que somete. Pero engañados tiene dos posibilidades: haber sido seducidos o por consecuencia de nuestra “propia ceguera”8. Como fuere, cualquiera de los caminos del sometimiento puede fácilmente llevar a los individuos a olvidar sus derechos, que haga “imposible despertarlo de su torpor9 para que vuelva a reconquistarlos”10.

Romper el reposo y marchar —exigiendo paz y seguridad, por decir un ejemplo— sin duda es una fuerza reactiva que va en contra de una fuerza de opresión que nos somete, pero ¿perseguimos nuestra libertad al estar en esas marchas? ¿Deseamos nuestra libertad al estar ahí, gritando consignas, incendiando? El hombro a hombro, el grito unísono que reclama, ¿nos hace recuperar la libertad que hemos dejado de desear “viciosamente”, como señala de la Boétie? Más allá, ¿nos damos cuenta que hemos perdido algo (nuestra libertad) o más bien hemos sido educados como siervos (bajo “el yugo del tirano”11) de manera que ya no nos damos cuenta de lo que hemos perdido?

Nos vamos acostumbrando a servir y la servidumbre se convierte en esclavitud. Hay una sutileza aquí: aquello asumido como obligación a partir del uso de la fuerza del que somete, ahora se convierte en una gustosa costumbre para el sometido. Entonces, para de La Boétie, la naturaleza estaría supeditada a la costumbre bajo condiciones de sumisión, es decir, nuestro bien innato bajo el mal de una moral.

Por lo tanto, la costumbre es un vicio que nos aleja de la reconquista de nuestra libertad pues “se le dan órdenes al que no sabe obedecerse a sí mismo”12.

Referencias:

  • 1 Étienne de la Boétie, El discurso de la servidumbre voluntaria, Tr. Miguel Abensour. Buenos Aires: Terramar, 1ª edición, sin año. p. 49
  • 2 De la Boétie, p. 50
  • 3 idem, p. 52
  • 4 idem, p. 59
  • 5 ibidem
  • 6 De la Boétie, p. 53
  • 7 idem, p. 54
  • 8 idem, p. 55
  • 9 Estado físico, generalmente transitorio, caracterizado por la lentificación de los reflejos, la disminución de la sensibilidad y el embotamiento de la mente.
  • 10 ibidem
  • 11 idem, p. 60
  • 12 Nietzsche, Así habló Zaratustra, Tr. Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza, 11ª reimpresión, 2008. II, De la superación de sí mismo, p. 175

Por Gilberto Santaolalla

Ciudad de México (1977). Psicoterapeuta con 11 años de práctica. Maestro en Filosofía. Esposo y padre. Entusiasta de la filosofía, la escritura creativa, la carpintería, los oráculos y la fotografía. Aprendiz del fuego.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Agenda una cita