Más allá de la sociedad disciplinaria (Byung-Chual Han)

Seguace di Hieronymus Bosch (Cristo al limbo, 1575) 

La sociedad de rendimiento

Más allá de la sociedad disciplinaria. Ya no somos una sociedad disciplinaria sino una sociedad de rendimiento. Los sujetos de rendimiento que “son emprendedores de sí mismos”. El poder sin límites de la sociedad del rendimiento. “Normal y anormal” y “sociedad de control” son categorías arcaicas que no nos sirven más para comprender nuestra actualidad pues contienen demasiada negatividad ─y como se vio en el post anterior (La violencia neuronal) nuestra época es la época del exceso de positividad.

Actualmente “Los proyectos, las iniciativas y la motivación reemplazan la prohibición, el mandato y la ley”. La sociedad disciplinaria produce “locos y criminales”; la de rendimiento, “depresivos y fracasados”.

“La positividad del poder es mucho más eficiente que la negatividad del deber”, pues desde el “poder sin límites” se puede ir más allá de los impedimentos que la prohibición busca estorbar desde la negatividad. En otras palabras: sustituir el paradigma disciplinar por el de rendimiento permite aumentar la productividad pues el poder hacer va más allá de los límites de la prohibición: hemos aceptado con mayor agrado el encargarnos de nosotros con tal de ser «nuestra mejor versión» que el tenérnosla que ver con una autoridad de la cual quiera liberarme de su yugo. El inconsciente social entonces pasa del deber al poder. Del «lo debo de hacer sino me castigan» al «yo puedo poder hacer más y nadie me lo va a impedir».

Cabe aclarar que, nos dice Han, “el poder no anula el deber”, es decir, aunque el sujeto de rendimiento se asuma como el emprendedor de sí mismo deja tras de sí un deber encubierto, latente. De tal manera que no sólo nos enferma el exceso de responsabilidades e iniciativas (que nosotros mismos hemos asumido), sino en mayor medida “el imperativo de rendimiento”: «Yo, desde mi iniciativa emprendedora, debo de ser capaz de sobreponerme a cualquier adversidad».

Los hombres y mujeres que “sólo trabajan”

Los hombres que “sólo trabajan”, exceso de positividad (más y más trabajo), no es soberano. Y al mismo tiempo, aquel hombre soberano del que hablaba y enaltecía Nietzsche “está a punto de convertirse en una realidad de masa” pues hemos interpretado ─tal vez incorrectamente─ que el hombre soberano es aquel al que “nada hay por encima de él que pueda indicarle quién debe ser, porque se considera el único dueño de sí mismo”.

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Detenernos… Aunque en cierto sentido es cierto para Nietzsche (dada la Muerte de Dios, ahora nosotros debemos encargarnos de nosotros mismos) recordemos que… Últimos hombres “que en todo son un poco demasiado profundos”, dice Nietzsche, y que no saben aquietarse. El último hombre no quiere correr riesgos, no se compromete. Vive autoengañado. Ésta desorientación es tratada por Nietzsche como una clase de fracaso pues a ellos (a nosotros) les pueden importar toda clase de fines, pero sin un sentido orientador de lo que es más alto, de lo que importa más, de lo que vale un sacrificio.

El hombre soberano… debilitado

Lo que se esperaba que fuera el hombre soberano ahora está a punto de ser una realidad de masas. Se debilita, se hunde el significado del hombre soberano nietzscheano, es un producto más (podríamos decir) pues ya no es ningún superhombre soberano, sino el último hombre (como habíamos visto) que sólo trabaja, que no se arriesga, que valora la conservación de sí mismo.

El depresivo, el que se explota a sí mismo “voluntariamente”, nadie lo obliga más que él mismo: él mismo “verdugo o víctima”. Depresión cuando el sujeto del rendimiento “ya no puede poder más”. Colapso.

Interesante: lamentarse mediante algo que se enuncia como «Ya no puedo más»/(Nada es posible para mi ya), son expresiones de un sentir que sólo son posibles dentro de una sociedad que dice «Siempre puedes más»/(Nada es imposible para ti). “El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y el depresivo es el inválido de esta guerra interiorizada. La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre bajo el exceso de positividad. Refleja aquella humanidad que dirige la guerra contra sí misma”.

¿Esto nos lo platican en los noticieros cuando nos hablan que para la OMS la depresión es… un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración. […] el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos.?

En el sujeto de rendimiento “libertad y coacción coinciden”: «Soy libre de exigirme darlo todo y maximizarme como proyecto, y a nadie debo de dar cuenta de mí». Trabajo y rendimiento aumentan, dándose la autoexplotación. No se requieren los capataces que pongan en su lugar los intereses que se descarrilan pues el propio sujeto del rendimiento es el que, desde esa extraña libertad, se obliga a poner en su lugar sus propios intereses que no son más que obligaciones (deberes) disfrazadas de libertad. Una “libertad paradójica” pues es una obligación inmanente que el sistema lleno de positividad dice otorgar pero más bien es un quitar…. quitar salud, quitar libertad, quitar vitalidad.

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Referencia:

Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio, Tr. Arantzazu Saratxaga Arregi. Barcelona: Herder, 1a. edición, 2012.

Friedrich Nietzsche, El caminante y su sombra, Tr. Germán Cano. Madrir: Gredos, 1ª edición, 2011.



Sobre el autor:

“Para encontrarse en lo infinito es menester discriminar y unir”.

I’Ching

Libro de las Mutaciones