LÉVINAS (Entre nosotros, 1993)

muerte-y-soledad

“[…] La muerte de otro hombre me acusa y me cuestiona como si yo merced a mi eventual indiferencia, me convirtiese en cómplice de esa muerte invisible para el otro que está expuesto a ella; y como si, incluso antes de ser invocado en cuanto tal, tuviese que responder a esa muerte de otro, como si estuviese obligado a no dejar al otro en su soledad mortal. Y ahí, precisamente en esa apelación a mi responsabilidad respecto del rostro que me señala, que me llama, que me reclama, en ese cuestionamiento, el otro es mi prójimo […] La muerte tiene sentido en la concreción de lo que para mi es el abandono imposible del otro a su soledad, en la prohibición de este abandono que se dirige a mí. Su sentido comienza en lo interhumano. La muerte cobra sentido ante todo en la proximidad misma de otro hombre o en la sociedad, del mismo modo que el mandamiento merced del cual Dios adviene a mi como idea adquiere sentido para mí a partir del rostro del otro.” LÉVINAS (Entre nosotros, 1993)

Por Gilberto Santaolalla

Ciudad de México (1977). Psicoterapeuta con 11 años de práctica. Maestro en Filosofía. Esposo y padre. Entusiasta de la filosofía, la escritura creativa, la carpintería, los oráculos y la fotografía. Aprendiz del fuego.

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