La putrefacción como condición de posibilidad de la regeneración

Transcripción del Capítulo II titulado Cómo hay que sembrar naturalmente el Árbol Solar de los Filósofos, cómo plantarlo y transplantarlo, del libro Instrucción de un padre a su hijo acerca del árbol solar, de autor anónimo.


No ignores, hijo mío, que el grano de trigo que se siembra en la tierra ha de estar maduro, puro, sin defecto ni corrupción, que su sal vegetativa, llamada a fructificar, no ha de estar cambiada ni alterada en nada: si un grano así es echado en una tierra fértil, bien adobada y trabajada, necesariamente la tierra lo recogerá, lo abrirá y librará de los lazos de la primera fijación o ligadura, con objeto de poder despertar en él el movimiento de la virtud seminal, y ésto se hace gracias al trabajo e industria de la Naturaleza sobre un campo fértil, abundante de sal nitro*, con el favor del aire y de los rayos solares pues, para madurar y perfeccionarse, precisa de la ayuda y cooperación de los cuatro elementos.

Con lo que acabo de decir puedes ver claramente porqué el grano de trigo ha de corromperse: esa putrefacción lo reblandece, engrasa, hincha y hace que abandone su envoltura. Con éstas palabras quiero indicar que, a través de la putrefacción, el alma, o la vida encerrada en el grano, después de resucitada, se manifestará. En efecto, cuando el alma recupera su libertad, como si volviera a la vida, empieza produciendo una hojita tierna y después un pequeño tallo en el que, seguidamente, se fijará un brote. Crece aumentando poco a poco de tamaño con ayuda del calor aéreo y de la humedad terrestre, llegando hasta la altura conveniente a las espigas, para producir finalmente múltiples granos y paja, a la vez que pequeñas hojas sobre las que aparecen unas flores que antes estaban encerradas en ellas. Cuando los granos están maduros, como a causa del calor, son dotados por la Naturaleza con el color dorado.

Con esto que te digo puedes ver claramente que el grano de trigo echado en tierra, ha muerto, pero aquella alma, primitivamente incluida en él por la Naturaleza, ha tenido que ser liberada, por la putrefacción, para convertirse de nuevo en espiga de trigo por el crecimiento de un tallo que asciende hacia lo alto para tornarse cien veces mejor de lo que era en su savia o húmedo, y en su forma. Y si el grano de trigo no se hubiese corrompido en la tierra, jamás hubiera podido crecer ni llegar a una más alta y mayor virtud de su húmedo.

En relación al nuevo grano de trigo, existen orígenes o tres objetos diversos que provienen del espíritu: primeramente, el mismo grano que se pudre en la tierra; a continuación, el tallo que surge de la tierra; en tercer lugar, la espiga que crece a partir del grano sembrado y del tallo; en cuarto lugar, y después de las tres primeras partes ya citadas, el nuevo grano. Estas cuatros cosas tienen cada una un nombre distinto, no sea sino una: un pequeño brote de trigo nacido de un solo grano. Las cuatro estaban escondidas previamente en el único grano de trigo y no han sido producidas más que por una sola cosa, a saber, por el trabajo de la Naturaleza sobre una tierra fértil, con el favor del calor aéreo y de los rayos solares, como ya he dicho antes.

Ahora te pido que examines con los ojos del espíritu, en todas sus particularidades, el pequeño brote del grano de trigo, a fin de que seas capaz de plantar el Árbol de los Filósofos de igual manera promoviendo en él la acción de su húmedo radical para que crezca de tal suerte que el oro muy noble y la plata (en cuya naturaleza están infusas y bien dispuestas, todas las virtudes celestes y terrestres de los elementos) sean capaces de crecer y madurar como en una semilla incorruptible.

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Pero has de tener mucho cuidado de no separar de su Goma a los cotados oro y plata, ni con materia mineral alguna, ni con agua fuerte, ni con nada parecido.

De igual manera que el grano de trigo, cuando es corrompido por la humedad de la tierra, se pudre y libera de los lazos de su primera fijación, de igual manera, digo, el oro y la plata han de ser separados y liberados de los lazos con que estaban encadenados, como el grano de trigo, a la sal y al azufre. Esto es lo que puede hacer el Filósofo con la Llave de los Sabios, es decir, con la suculenta, fértil y virgen Tierra de los Sapientes, en una palabra.

Mediante el agua viva natural el otro puede ser disuelto, calcinado, preparado y, por sublimación, putrefacción y digestión, cuando ya ha sido separado de todo lo que le es ajeno, ser dispuesto de manera que permanezca en su virtud espermática y pueda ser puesto en vías de regeneración. De éste modo, el alma y el espíritu de nuestro Oro vivo pueden ser extraídos de su propio cuerpo, donde permanecían cautivos y sin ninguna virtud capaz de engendrar la Piedra.

En efecto, nada hay más cierto que esto: en el mundo entero no se puede encontrar nada que pueda ser regenerado sin antes no ha sido destruido por la putrefacción y la muerte, pues la mortificación es la única vía y entrada para acceder, por medio del calor nativo, a una nueva generación.

Por otra parte, la disolución del grano de trigo no se realiza ni en el agua, ni en una tierra arenosa, pedregosa o árida, sino que se hace mediante la humedad visible y templada de la tierra, de la forma que el grano se hincha y atrae hacia su raíz, gracias a un cierto instinto, la virtud natural de la Sal central terrestre, con objeto de mezclarse a ésta sal, de extraer de ella su alimento y de permanecer y esconderse en ella.

De este modo, cuando el cuerpo del grano atrae hacia si la humedad natural que le penetra, el cuerpo de la semilla se abre y se prepara para una ulterior generación. Nuestra Tierra virgen natural se dispone de una forma que es, a todas luces, semejante y se purifica sin adición a nada extraño. Nosotros también sembramos de ésta forma la semilla metálica del Oro vivo de los Sapientes en nuestro campo así preparado, que es el Mercurio de los Sabios, a fin de producir el Árbol Solar.

Con el siguiente ejemplo te descubriré ésto más claramente, y en pocas palabras te revelaré el secreto de todos los secretos de la Piedra de los Sabios.

En efecto, ten por muy cierto que toda la labor y todo el trabajo del Arte del Misterio oculto de los Sabios consiste únicamente en esto: en saber de qué modo puede ser adquirida naturalmente su Tierra virgen, y cómo habrá que prepararla después del mismo modo que los campesinos cuando cultivan su tierra para que les produzca trigo. Por tanto, considera el trabajo del campesino y cómo lo hace para producir trigo.

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Empieza por buscar una buena tierra, después busca una buena simiente, tal como se la suministra la naturaleza, a continuación se ocupa, con esmero, de cultivar su campo. Empieza por limpiar su tierra librándola de las piedras grandes y de los troncos que pudieran dañar la semilla; después, por medio del trabajo reiterado de arado, a lo largo de las diversas épocas del año, se esfuerza en hacerla más esponjosa para que pueda ser humectada, asperjada, lavada e impregnada con vistas a la fructificación de la virtud celeste, por la lluvia y el rocío, desecada ya de su superflua humedad terrestre. Además le dará calor con estiércol campestre conservando ese calor gracias a la grasa del estiércol esparcido. Después de todo esto, siembra su grano, sin ningún artificio, en su tierra bien cultivada.

Es evidente, pues, que el campesino, para producir su grano, no hace ningún otro trabajo más que cultivar bien su campo y emplear una semilla tal como se lo ha dado la naturaleza. Si los hijos de la Ciencia disponen su trabajo natural de la misma forma, su Obra llegará a buen fin. Y del mismo modo que el precio pagado por el campesino para adquirir una tierra común y vil es su mayor gasto, lo más difícil para el Filósofo es la adquisición de su Tierra con lo que, una vez adquirida, solo quedará el problema de prepararla bien según el método de trabajo de los Sapientes.

Por tanto, al igual que lo campesinos, quitaremos de nuestra tierra toda impureza y superfluidad. A continuación la haremos más esponjosa según el Arte y la Naturaleza, lavándola, regándola y desecándola. Hecho esto, la engrasaremos con su grasa natural y después de haber recibido el rocío del cielo, que le comunicamos a la manera de los Sabios, estará tan bien preparada que quedará dispuesta para recibir la semilla metálica de nuestra Piedra, es decir, del Oro vivo de los Sabios que, a su debido tiempo, producirá el Árbol Solar. He aquí, hijo mío, en pocas palabras, todo el fundamento, la llave y la fuente de la Obra entera de los Filósofos. En suma, nuestro Árbol Solar y Lunar, por medio de nuestra Tierra virgen preparada y sabiamente cultivada, y con nuestro Oro Vivo, (que es la verdadera simiente metálica a sembrar en nuestra tierra esponjosa) alarga tales raíces y crece hasta tal punto que puede ser trasplantado según el modo de los Sabios. Y es ésta una cosa muy cierta y verdadera: el oro producido al estilo de los Sabios y por su ingenioso secreto, adquiere una virtud tal, por la fuerza de su regeneración, que supera en mucho, y sin ninguna comparación posible, al oro que nace de las entrañas de la tierra.


* Sal nitro: nitrato de potasio. Obtenido de la lixiviación (Tratar una sustancia compleja, como un mineral, con un disolvente adecuado para separar sus partes solubles de las insolubles) de “tierra nitrosa que se recogía en establos, corrales y mataderos”. Orina, oxidación por bacterias que convierte el deshecho en nitrato. Se extraía un nitrato crudo, nitrato muro crudo que junto con ceniza de madera formaba nitrato potásico. A partir de cristalización se obtenía el nitro. Con él se fabricaba la pólvora negra.

Referencia:

Anónimo, Instrucciones de un padre a su hijo acerca del árbol solar. Ed. El Artesano Editorial, Mataró, 1993.

Imagen: https://www.amusingplanet.com/2019/04/human-decomposition-in-japanese-artwork.html

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