La idea (Berthold Bartosch, 1932)

La idea (Berthold Bartosch, 1932)

La idea (Berthold Bartosch, 1932)

Se dice que es el primer corto animado con temática filosófica. A continuación algunas referencias para que el lector haga su propia interpretación.Traducción de los títulos iniciales:

Los hombres viven y mueren por una idea
pero la idea es inmortal
puedes perseguirla,
puedes juzgarla,
puedes prohibirla,
puedes sentenciarla a muerte.

Pero la idea sigue viviendo en el espíritu de los hombres.

Donde quiera que exista
de lado a lado la miseria y la lucha
surge ahora aquí,
a veces, ella continúa
camino a través de los siglos

La injusticia tiembla antes de que
los oprimidos señalen el camino hacia un futuro mejor
Aquel a quien penetra no se siente aislado
Porque por encima de todo es la idea

Apunta José Ferrater Mora tres maneras distintas de considerar las ideas: 1) La idea entendida lógicamente cuando es equiparada con un concepto, 2) La idea entendida psicológicamente cuando se le equipara con una entidad mental y 3) Entendida metafísicamente cuando es equiparada con cierta realidad.

Para Platón, siendo muy sucinto, la idea es “el espectaculo ideal de una cosa”. Para él las ideas o “formas”, de como se relacionan las cosas sensibles con los números, de las ideas como causas, como fuentes de verdad, etc. Son para el las ideas modelos de las cosas o las cosas mismas en su estado de perfección.

Contrario a Platón, Aristóteles “niega que las ideas existan en un mundo intelegible separado de las cosas sensibles”.

Algunas referencias sobre qué es la idea:

Para Descartes, son tres las ideas: las nacidas conmigo, las extrañas y venidas de fuera y otras hechas e inventadas por mí mismo, que también las nombra como: lo que es en general una cosa (que enseñan la naturaleza), o una verdad (que no dependen de su voluntad), o un pensamiento, respectivamente. Y las clasifica porque quiere investigar cuáles de ellas serán voluntades y cuáles juicios, y por ende, poder identificar las ideas de los objetos con los objetos mismos, y distinguir cuando hay verdad y cuando hay error. También al respecto: Toda idea tiene una causa, no puede no tenerla (“haberlo recibido de la nada”). Toda idea viene de otra idea, y así infinitamente (proceso que lleva a la verdad) hasta llegar a una idea primera. Esta idea primera es el “arquetipo”, “que contiene toda la realidad o perfección”.La anterior, poseedora de toda verdad objetiva, verdad que no se encuentra en mis ideas, entonces no estoy solo en el mundo. Hay otro que es causa de esas ideas que yo tengo.El Dios omnipotente, infinito, eterno, etc., no puede proceder sólo de mí, pues yo soy finito, y de lo finito no se puede originar lo infinito, pues no me reconozco como substancia infinita.

Por su parte, Locke distingue las ideas de las cualidades. Las primeras se producen en la mente “en tanto que son” sensaciones o percepciones del entendimiento que “los objetos […] producen en nosotros”. Hay dos tipos de ideas: las simples y las complejas. Las ideas simples son aquellas en las que la mente “no percibe ni variedad ni composición”. Estas, a su vez, se dividen en ideas de sensación e ideas de reflexión (o de operación de la mente). Las ideas de sensación son aquellas que siguen el recorrido objeto → sentido → mente, es decir, la idea es “llevada a la mente” por uno o varios sentidos. Las ideas de reflexión, por su parte, son aquellas que implican una voluntad, como pensar, querer, razonar, dudar, etc. Mientras que las ideas son percepciones en la mente, las cualidades se generan por poder producir ideas de entendimiento en la mente; es el “en tanto que está” en el objeto.

Para Berkeley, hay una estrecha relación entre idea y lenguaje, pues este último hace referencia a una palabra que a su vez define con un nombre “algo”, dice Berkeley que “los hombres que hacen uso del lenguaje son capaces de abstraer o generalizar ideas”. El lenguaje es para Berkeley la idea dominante. La abstracción, por medio del uso de lenguaje y signos nombra las cosas. Parece que las palabras dominan, por medio del significado, la identidad, la existencia de algo. La crítica de Berkeley es que “no hay una única idea determinada que limite la significación de [una] palabra”. De esta manera, más adelante, dice que los hombres letrados han elegido utilizar, en vez de ideas, palabras, y que han abusado de ellas. La solución a este problema es, para Berkeley, es centrarse en las ideas, haciendo a un lado la ofuscación que pueden hacer las palabras. Ya en la Parte I, Berkeley une las ideas a las diferentes sensaciones de los sentidos. De esta manera, un libro es la suma de las cinco diferentes sensaciones y percepciones que se tiene de él y que designa bajo un nombre específico. También existen las ideas agradables y desagradables que “excitan las pasiones de amor, odio, alegría, pesadumbre, etc.”. Se puede decir que para Berkeley la percepción precede a la existencia. Para él, la ideas no son independiente por naturaleza, más bien son “entidades pasivas, «son tenidas»”. Las ideas, sensaciones o percepciones no tienen actividad por sí mismas, no son causa de algo. Más adelante, Berkeley identifica idea con cosa. La idea, a diferencia del espíritu, representa pasividad en contraste a la actividad. Las ideas son para Berkeley el objeto inmediato de los sentidos, es decir, sin percepción de la idea ésta no existe. Decir, para Berkeley, que el teclado que utilizo ahora mismo existe quiero decir que lo percibo, que lo toco y lo veo; sin embargo, sin mi tacto y vista el teclado no existe. De lo anterior, “la existencia de las ideas está siempre condicionada por un sujeto que las perciba”.

Para Spinoza, la idea verdadera es algo que se tiene. La idea y la cosa de la que es idea, son cosas distintas. Algo es la idea de perro y otra el perro. La idea no es la cosa misma. Así como se puede entender lo que es un perro, también se puede entender la idea de perro (inteligibilidad). Mientras que un perro es real (la esencia), la verdadera idea de un perro es la esencia objetiva de un perro (inteligible), y también es real. Spinoza argumenta que para saber no es necesario saber que se sabe, basta con conocer la esencia de algo para saber que lo conocemos. Entonces, la esencia objetiva es la certeza, y la esencia se “siente”, es por los sentidos, por lo que la certeza es sensible también. Y dice que “para la certeza de la verdad no es necesario ningún otro signo distinto del poseer la idea verdadera pues que, como lo he demostrado, para saber no es necesario saber que sé”. Spinoza hace un resumen del Método: “[…] ante todo, distinguir la idea verdadera de todas las demás percepciones y apartar de éstas el Alma. En segundo lugar, establecer reglas para llegar a conocer, según la norma, las cosas desconocidas. En tercer lugar, determinar un orden, para no fatigarse en búsquedas inútiles. Después de haber llegado al conocimiento de este Método vimos, en cuarto lugar, que este Método sería del todo perfecto si tuviésemos la idea de Ser más perfecto. De donde se sigue que desde el principio habrá que estar sumamente atentos para llegar los más pronto posible al conocimiento de tal Ser”. Para Spinoza las ideas pueden clasificarse en cuatro categorías: ideas verdaderas, ideas falsas, ideas figuradas (o ficción) y dudosas.

Para Hume, como para otros filósofos, es distinta la percepción que tiene la mente de una experiencia a la que puede tener al imaginar, nunca siendo la segunda igual de vívida y fuerte que la primera. Las percepciones que se tienen al imaginar algo se llama pensamientos o ideas; a las de la experiencia impresiones (oir, ver, sentir, amar, odiar, desear, querer). Sin embargo, las impresiones son menos intensas que las ideas (?). Para Hume, todo lo que resulta de pensar es resultado de sumar la percepción interna y externa, o “copias de nuestras impresiones o percepciones más intensas”. A través de varios ejemplos deja ver que, para él, la única manera en que podemos tener la idea de algo es a partir de la experiencia inmediata y la sensación, de manera que un ciego no tiene idea de lo que es un color, un hombre tranquilo del sentimiento de venganza (si nunca se ha vengado), etc. Mientras que las ideas son “débiles y obscuras”, en especial las abstractas, las impresiones son fuertes y vivaces. Las primeras se confunden entre ellas mismas cuando son semejantes y las segundas lo contrario, al ser experimentadas se puede establecer con mayo precisión dónde termina una y dónde comienza otra. Para Hume, al tener una idea y no estar muy seguro de su significado basta con “preguntarnos de qué impresión se deriva la supuesta idea”.

Referencias:

  • René de Descartes, Meditaciones Metafísicas, Tr. Vidal Peña. Madrid: Alfaguara, 1ª ed., 1977.
  • John Locke, Compendio del Ensayo sobre el Entendimiento Humano, Tr. Juan José García Norro y Rogelio Rovira. Madrid: Tecnos, 2ª ed., 2009.
  • George Berkeley, Tratado sobre los principios del conocimiento humano, Tr. Concha Cogolludo Mansilla. Madrid: Gredos, 1a reimpresión, 1990.
  • Baruch Spinoza, Tratado de la reforma del entendimiento, Tr. Lelio Fernández y Jean Paul Margot. Madrid: Tecnos, 2ª ed., 2007.
  • David Hume, Investigaciones sobre el entendimiento humano, Tr. Jaime de Salas Ortueta. Madrid: Alianza, 5a reimpresión, 1988.
  • José Ferrater Mora, Diccionario de filosofía abreviado. Buenos Aires: Sudamericana, 4a edición, 1974.

Por Gilberto Santaolalla

Ciudad de México (1977). Psicoterapeuta con 11 años de práctica. Maestro en Filosofía. Esposo y padre. Entusiasta de la filosofía, la escritura creativa, la carpintería, los oráculos y la fotografía. Aprendiz del fuego.

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