La fatiga deseada, una lectura de David Le Breton

Billy Elliot (Daldry, 2000) / El maquinista (Anderson, 2004)

Actividad con gozo y placer

Las actividades que realizamos con gozo y placer, aunque sean arduas y nos lleven tiempo, si disfrutamos esa actividad, abren la posibilidad de fatigarnos y “borrarnos ligeramente” mediante un reposo voluntario que nos hace continuar con la alegría.

Por ejemplo, me siento alegre de estar toda la mañana haciendo el jardín y, cuando termino, me echo en un sillón, satisfecho, alegre de haber puesto las manos en dicha labor, satisfecho conmigo mismo, etc. Uno es pleno en el reposo al que le invita haber realizado esa actividad agradable.

Es así que Le Breton cita a Chrétien: “Solo disfrutamos de la fatiga cuando no estamos destinados, condenado a ella. No hay fatiga feliz si no somos felices ya antes incluso de fatigarnos”.

Desatención como reposo

Parafraseo el segundo párrafo de esta sección pues tienen muy mal estilo y me parece valioso detenerse en él: “Cuando nos la tenemos que ver con algo y ponemos un esfuerzo en ello, dice el autor, hay una ausencia del reposo, es decir, uno está en actividad. En este sentido, una vez terminado el trabajo ─la tarea─ uno descansa por fatiga y, con ello, desaparece, lo que lo lleva a uno a “un mundo limitado”.

Es interesante y cierto: una se tira en la cama, cansada y hay muchas cosas que en ese momento no tienen lugar en nuestra consciencia. Tan así que Le Breton dice que en ese estado de fatiga a una seguramente se le dificulta “la fijación del pensamiento”. Estando ahí en ese mundo limitado, incluso las responsabilidades son menores, no porque dejen de existir sino porque uno está menos allá en aquel otro mundo. Y dice que “la implicación cotidiana en los acontecimientos del día a día no puede llevarse a cabo ya y la atención se disipa”.

La fatiga como un desapego: destrucción o transformación

Y entonces, se puede decir que “la fatiga es un desapego”, en ocasiones incómodo incluso. Algo nos obliga (el cuerpo) a desatendernos, a no querer saber más, “poco dispuesto a los intercambios, obnubilado por la sed de reposo”. “Es una excusa para acurrucarse en sí mismo y disminuir así la intensidad de la relación con el mundo”.

En las actividades deportivas extremas, uno lo que quiere es fatigarse, lo buscamos. Es un cansancio al que se le quita la connotación negativa, sin culpa. La fatiga es un logro ganando a partir de un esfuerzo, “una búsqueda de sentido que proporciona felicidad” incluso. “Se proyecta el propio cuerpo en el mundo para restaurar un límite, experimentar de nuevo la sensación de existir”. Se puede dar una metamorfosis, dice Le Breton, para “bien o para mal”. Dependerá si es una fuerza impuesta o si es elegida y aceptada; destrucción o transformación propicia.

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Fatiga… preludio de identidad o destrucción

Lo anterior parece establecer un límite para Le Breton: “la última forma de construcción de sí”. Y es que, estando ahí en ésa fatiga ocasionado por el esfuerzo físico, alejados, en suspenso nuestra identidad (o una gran parte de ella)… Se da una delgada línea entre recobrar la plena consciencia o que sea el “preludio de la desaparición”, “fulgor último de ser uno mismo antes de no ser nadie durante un tiempo más o menos largo”. “Existir ya no sirve, es necesario sentir que se existe, poniendo en marcha deliberadamente una alteridad (es decir, una condición de ser otro), situándose pues en condiciones de vivir regularmente momentos intensos y experimentar el choque de lo real”. En esta última frase, el riesgo de estos lugares…

Ahora… La fatiga descrita hasta aquí es deliberada (es decir, voluntaria, que tiene una intención detrás, un propósito), aunque pueda rozar con la desaparición. Yo la decido.

Fatiga por imposición… es agotamiento

… Pero cuando se me impone a la fuerza una labor que cansa, que debilita, extenuante, “cuando el individuo se ve obligado a trabajar sin fin y más allá de sus fuerzas, o cuando él mismo decide perderse para no tener que pensar nada más ni soportarse a sí mismo, el cansancio comienza a tomar forma de blancura”.

Cuando estamos fatigados, como se explicó más arriba, nuestra presencia en el mundo se debilita, pues nuestro cuerpo está cansado. Pero en el agotamiento nuestra presencia se disipa y todo nuestro ser se “nadifica en un abatimiento generalizado”.

En nuestra fatiga puede haber gozo, “un ligero sopor que puede llegar a aliviar un poco la tarea de ser uno mismo”. Pero en el agotamiento se da una erosión del que somos y, “sin aliento y sin sentido, topamos con la imposibilidad de continuar […] ya no puede ir más allá, su estado físico agota todo lo posible”. Se encuentra uno en la “frontera del hundimiento” y no contamos con recursos para seguir adelante con nuestra existencia. Las actividades del día a día son inasequibles. No dormimos, no descansamos, se elimina todo deseo, toda energía.


Referencia:

David Le Breton, Desaparecer de sí: una tentación contemporánea, Tr. Hugo Castignani. Madrid: Ediciones Siruela, 1a. edición, 2016.

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Sobre el autor:

“Para encontrarse en lo infinito es menester discriminar y unir”.

I’Ching

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