La esperanza de vida, una lectura de Jean Grondin

“[…] la esperanza es eso, sólo es, pero también todo eso: una dirección, un sentido en la ausencia de certidumbre y de seguridad.”

La esperanza de vida
Frederic Edwin Church (Above the Clouds at Sunrise, 1849)

Nuestra vida y la vida misma

Preguntarnos por el sentido de la vida es distinto a preguntarnos «qué sentido podemos dar a nuestras vidas». En el segundo caso entendemos nuestra vida como algo que está separado de la vida misma y que nosotros, al interrogarnos por el sentido de la nuestra, es como si quisiéramos inyectarle “algo” desde el exterior, como infundirle un tónico.

El sentido de nuestra vida no está más allá de la vida. Nuestra propia vida nunca se nos aparece como un material externo a nosotros listo para ser amasado y dar forma (e.g. como la masa al panadero). “No, nosotros somos y estamos «ahí», en esta vida que nos lleva y nos porta en su seno”, dice Grondin.

La vida que nos arrastra con esperanza. Sin ésta no hay vida, no hay un horizonte de sentido para la vida. No hay nada que nos jale.

¿Dónde está esa esperanza? ¿Es algo que se añade?

Para Grondin esa esperanza “es inmanente a la vida”. Toda vida es crecimiento, excrecencia, una aspiración. ¿Una conservación de sí misma? Hagamos presente el sacrificio de una madre. ¿Es entonces una tensión inmanente de la vida como “esperanza de «supervivencia»? Pero, ¿qué es supervivencia?

Supervivencia en el sentido de “Sobre-vida”, a entender: una mejor vida, una buena y bella vida. Recordar la tendencia platónica <<al bien>>. Por ejemplo, la flor que “se voltea” al sol «está muy bien».

La lejanía contemporánea de los valores de el Bien, de lo bello y de lo justo

Nuestra época mide los valores por su rentabilidad económica. La «crisis de valores» se da en el sentido y su conexión con un anhelo cósmico. El sentido de la vida no se responde mediante “un orden de valores que deba ser asignado a la vida desde el exterior”.

En opinión de Grondin: a) Abrir los sentido: gusto por la vida y b) Aspiración por una mejor vida: «que la vida tenga más sabor» (San Agustín).

¿Qué sería una vida que tiende a la no-vida o a ser una vida no ser tan buena?

“Toda vida aspira a lo que hay de mejor”. Agathon. Todos podemos ser aristócratas, que aspiramos a lo que haya de mejor (ariston). Es cierto, tendemos a lo mejor para nosotros. Ariston, el «mejor bien», lo que nos guía.

“La tensión hacia el Bien, hacia lo mejor, hacia la sobrevivencia, es así inmanente a la vida”. Podemos o no ser conscientes de ello. Reflexionar sobre el sentido no sin el riesgo de erosionarlo. No subestimar “la dirección inmanente de la misma vida”.

Entonces, una filosofía del sentido de la vida se muestra atenta al sentido de la vida, “al sentido en que la vida [amplia] nos arrastra”.

¿Cómo se da esta atención?

a) Preguntándonos por el fin último (telos), el Bien o b) Por medio de la esperanza, esperar lo que anima la vida aquí y ahora. La esperanza de sentido como una espera, un apriori que nos sostiene vivir, “vivir con otro y actuar”.

Atender, una tensión hacia, una dirección sin lugar. Es un proyecto, un propósito, una anticipación, la realización de mi esperanza no depende nunca [sólo] de mí. Al esperar “apostamos por la vida así como por la naturaleza humana”.

La tensión de la espera y la esperanza

Dice Grondin que dicha tensión nos sustenta no sólo hacia lo que ha de venir y que, por lo tanto, vale la pena decirnos que <<la vida tiene un sentido>>, “sino algo que se encuentra también detrás de ella, que la empuja de alguna manera”.

La esperanza, contrario a lo que pensamos, se basa en principio en la experiencia del pasado, “en la experiencia del sentido pasado”. En palabras más sencillas, porque lo he comprobado en lo que he vivido es que puedo decir que espero que x, y o z suceda. Así, solemos decir “espero haberte ayudado a aclararte” o “espero ayudarte a aclararte”, pero nunca “esperaré ayudarte a aclararte”.

Otro ejemplo: “yo espero que mañana salga el Sol” se basa en principio en mi experiencia pasada de haber visto salir el Sol a diario y tener cierta confianza y esperanza que lo hará mañana. “Una esperanza inmanente a la vida”, dice Grondin.

Pero OJO, el anterior ejemplo se funda en las certezas de la ciencia y no en la esperanza consustancial de la vida… saldrá el sol porque yo espero que así sea y porque yo estaré allí. “Es evidente que nadie puede estar seguro. Pero, justamente, la esperanza es eso, sólo es, pero también todo eso: una dirección, un sentido en la ausencia de certidumbre y de seguridad”. (las negritas son mías)

Sentido, esperanza y deseo.

Nuestros deseos, dice Grondin, son un ruego, imploramos a las “potencias”: Deseo que te vaya bien en la operación, o en el viaje en barco. Siempre hay “algo” que no depende enteramente de nosotros.

“[…] la esperanza es un rechazo de la muerte” pues nuestra afirmación del sentido de la vida supera a la muerte y su absurdo. Entonces, se pregunta Grondin, ¿será que nuestras esperanzas son una ilusión, un engaño, si tarde o o temprano morimos? Cuando el filósofo toma el significado de la palabra ilusión en español se da cuenta que no es un engaño sino la felicidad que nos embarga que algo pueda darse como lo esperamos, de manera que eso no es un engaño: no es engaño el ánimo que nos infunda, “una alegría plena y entera que me impulsa a hacer proyectos, a emprender cosas, a compartir mi alegría con los demás”. La vida entonces tiene sabor.

Sobre la “esperanza que es inmanente a la vida”

Una esperanza vital que hace referencia a aquella esperanza que hace posible vivir. Cargada al mismo tiempo, dice Grondin, de olvido, otra condición humana. De manera que “para poder esperar hay también que olvidar la muerte”. De manera que nuestra esperanza se vuelve una sobre-vida, la confianza que tenemos (o no) de lo que podemos hacer con la vida que tenemos.

Elpsi la llamaba Esquilo, dice Grondicin: “la esperanza que no designa para él una esperanza en un más allá de la muerte”. La esperanza está puesta en la vida no en la condición innegable de la muerte.

Defiende Grondin que la ilusión no es solamente un fenómeno negativo, que no es siempre una falta de lucidez y de honestidad. Los ideales están puestos en un porvenir que requiere por condición la esperanza.

Referencia:

Jean Grondin, Del sentido de la vida: un ensayo filosófico, Tr. Jorge Dávila. Barcelona: Herder, 4a reimpresión, 2017.

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