Historias del futuro (1)

Baron László Mednyánszky (1852 – 1919)

Sobre el futuro

El sentimiento es siempre experimentado en el presente. El recuerdo de lo pasado detona una respuesta sentimental ahora y nunca en aquel entonces. Puedo decir <<qué triste me sentí en aquel momento que ella se marchó>> y al estárselo contando a alguien más sentir enojo.

De la misma manera sobre la experiencia del futuro es siempre lo que experienciamos en el presente sobre aquello que nos decimos que suponemos que sucederá. En otras palabras, no podemos decir cómo nos sentimos respecto del futuro pues aún no lo tenemos (y nunca) sino sólo lo que experimentamos al hacer presente la idea de futuro.

La nostalgia, el remordimiento, el rencor y la gratitud son sentimientos que experimentamos a partir del recuerdo, requieren la memoria. Por lo tanto son una rama de sentimientos que hacen referencia al hacer presente el pasado.

De la misma manera, el presente nos dota con la posibilidad de la admiración, la sorpresa y la alegría pues éstas, de ser referidas al pasado, sólo podremos mencionarlas como un recuerdo de cómo nos sentimos pero no experimentadas. Experimentar sorpresa por encontrarnos con un viejo amigo sólo es posible en el instante en que ocurre el encuentro.

¿Y qué hay en referencia al porvenir?

Como seres humanos tenemos la capacidad de anticipar el futuro. Es posiblemente una de las condiciones de posibilidad de nuestra supervivencia. Hacemos cálculos, pronosticamos lo que podría suceder, desarrollamos escenarios, etc. Dice Marina que “[l]a capacidad de simbolizar el futuro ha aumentado en gran manera el mundo sentimental humano”.

Aguardamos lo que que viene hacia nosotros (imagen humanista pues podría decirse también que nada viene al hombre, que el mundo es ajeno a él). Aguardamos la lluvia mientras escuchamos a lo lejos el trueno, sin que sea razón suficiente para que el agua caiga (pues podría no llover). Nos aquietamos mientras el futuro camina hacia nosotros, como cualquier mujer que aguarda por el amanecer.

Siento decepción cuando aquello que deseaba no se cumple. Siento alivio cuando eso que no deseaba no se cumple, es decir, cuando ciertas condiciones permanecen “igual”. Siento esperanza cuando lo que deseo no tiene confirmación y miedo cuando sigo sin confirmación pero con la diferencia que no deseo lo que me tiene aguardando. Triunfo de obtener lo que deseé y una confirmación de algo que podía llegar a ser cuando lo indeseable se cumple.

Más sobre algunos de estos sentimientos: Decepción, cuando lo que resulta no era como yo lo esperaba. Si además he puesto esfuerzo (empeño, lucha) en aquello que esperaba obtener y que no resultó tal cual mis deseos entonces surge la frustración. Esta última viene acompañada, dice Marina, de impotencia, una energía baja, un querer estar quieto sin energía suficiente para romper el estado de reposo. La frustración puede motivar a que experimentemos cólera.

En una siguiente entrada haré algunas notas sobre la esperanza y el miedo.

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