Hacer nada mientras se espera

Hacer nada mientras se espera
Hacer nada mientras se espera

 ¿Puede uno hacer nada mientras se espera? Dice el dicho popular que “el que espera, desespera”. Esperar es una esperanza, esperanza de que la vida sea en un futuro como deseamos que sea, sólo para que ella termine siendo lo que es, con total indiferencia hacia nuestros deseos. Dice Woody Allen: “Qué feliz seré el día que sea feliz”. Esperanza pura.

Podemos pensar en dos tipos de espera: aquella en la que no sabemos el resultado de nuestra espera y aquella en la que sabemos qué resultará. Ambas implican no poder controlar el tiempo pues, precisamente, por eso esperamos.

Esperar lo que sabemos que vendrá. La espera en un consultorio, en un aeropuerto, en un restaurante. El doctor nos atenderá, el avión despegará o nos servirán nuestra comida. Sabemos lo que va a pasar pero no tenemos certeza en qué momento sucederá. Son momentos idóneos para realizar este experimento: hacer nada mientras se espera.

Hacer nada mientras se espera

 ¿Qué hacemos ante estos momentos de espera? Son difíciles de soportar. Buscamos la manera de “salir” de ellos mediante la lectura de una revista, tomando notas, leyendo algún libro, utilizado el iphone, el blackberry, trabajar en la laptop o simplemente viendo como el mundo sigue su curso. Inmediatamente buscamos la manera de estar ocupados, llenando este lapso de tiempo con actividades, con grandes o pequeñas ideas, con una variedad extensa de actividades. El tiempo se vuelve un problema ya no un misterio.

Te propongo hacer exactamente lo contrario. No hagas nada. Cuida no estar ni irritado o aburrido. Déjate flotar en el tiempo, sabiendo que él pasará, inexorablemente contigo o sin ti. Deberás intentar unirte con tu angustia en esta total pasividad. Todo ocurrirá y nada dependerá de ti. Puedes estar vacío, amorfo, inmóvil, indiferente, ensoñado o ausente, pero, independientemente, el tiempo se moverá y este intervalo se convertirá en el final. Probablemente hagas el descubrimiento de que no hay necesidad de matar el tiempo. Se muere por sí mismo, incesantemente.

Somos forzados a ser pasivos, no hay nada que podamos hacer para acelerar el proceso. Somos confrontados directamente con la duración, con el inevitable paso del tiempo, que pasa más o menos lento, más o menos viscoso. El tiempo contado y el tiempo vivido.

¿Cómo has vivido el tiempo que has vivido?

Referencia:

Roger Pol Droit, Astonish Yourself! Experiments in the philosophy of everyday life. Penguin Compass. USA. 2003.

Por Gilberto Santaolalla

Ciudad de México (1977). Psicoterapeuta con 11 años de práctica. Maestro en Filosofía. Esposo y padre. Entusiasta de la filosofía, la escritura creativa, la carpintería, los oráculos y la fotografía. Aprendiz del fuego.

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