Forja del Yo, desencantamiento del mundo (Tarnas)

Nuestras visiones del mundo han creado y crean mundos. Hemos concebido múltiples visiones del mundo; un compendio —en palabras de Richard Tarnas— de “nuestras creencias y teorías, nuestros mapas, nuestras metáforas, nuestros mitos, nuestros supuestos interpretativos”.

¿Qué distingue a la cosmovisión moderna del resto de cosmovisiones? Dos actitudes fundamentales: a) la separación radical entre sujeto y objeto (e.g. Yo y el Sol) y b) la división entre lo humano y el entorno.

A continuación presento un cuadro comparativo que busca detallar esta distinción:

La visión primordial del mundo

1. No reconoce una división sujeto-objeto.
2. Un mundo animado: humano y cósmico conviven: los objetos tienen espíritu, hay presencias en el río, el aire, el viento, el fuego. El mundo animado “comunica y tiene propósito” en si mismo.
3. Lleno de signos y símbolos.
4. El mundo interior del hombre se continua en el mundo “exterior”.
5. Lo exterior es entendido en relación a la subjetividad humana. Lo exterior está lleno de sujetos y con esa multiplicidad de sujetos se relaciona el sujeto humano. “El mundo primordial está saturado de subjetividad, interioridad, sentidos y finalidades intrínsecas”.
6. Anima mundi. Tiene su propio sentido.
7. El mundo habla a los hombres mediante símbolos: se transmiten sentido y finalidad a los hombres.
8. Un estado de consciencia “relativamente indiferenciado, los seres humanos se perciben en participación y comunicación directas —emocional, mística y cotidianamente— con la vida interior del mundo natural y del cosmos.”
9. El Yo se relaciona con el mundo desde una permeabilidad de sus propios límites: línea discontinua, porosa. Integración en el mundo. La fuente de sentido no tiene distinción entre el mundo y el yo, al estar este último permeado por el primero.
10. “Participation mystique”.

Cosmovisión moderna

1. La división sujeto-objeto la constituye.
2. El cosmos es entendido como algo impersonal e inconsciente. Indiferente a los hombres. Creer que el mundo puede comportarse como nosotros lo hacemos (es decir, proyectarse) es una falacia epistemológica. El cosmos no tiene un sentido distinto al que los hombres le pueden dar.
3. La única fuente de sentido es la consciencia humana. El hombre primordial es visto como alguien que vive en una ilusión mágica.
4. La única fuente de sentido es la consciencia humana.
5. El hombre se asume como sujeto que interactúa con objetos, siendo él/ella una consciencia autónoma a lo que le es exterior.
6. Importante: “Desde el punto de vista moderno, si considero que el mundo me comunica sentidos humanamente pertinentes con intencionalidad e inteligencia, que está cargado de símbolos plenos de sentido —que es, por así decirlo, un texto sagrado que hay que interpretar—, estoy proyectando realidades humanas sobre el mundo no humano”. (p.45) Es decir, el moderno puede ver en el mundo una continuación de su subjetividad puesta en el exterior y desde la cual se autointerpreta. Ante esta posible consideración Tarnas indica que su pueden tener dos actitudes (de llegar a adoptar dicha consideración): a) eres un ingenuo o b) eres un enfermo mental. Creo que esta consideración que hace Tarnas es como un punto medio entre una visión primordial del mundo y una cosmovisión moderna.
7. El Yo se relaciona con el mundo desde una impermeabilidad en su frontera: línea continua, tajantemente distante del mundo. Separación del mudo: sujeto/objeto. El fuente de sentido recae en la mente humana. “Los hechos están allí, fuera; el sentido que vemos en ellos viene de nuestro interior”. (p.46)
8. La cosmovisión moderna arrebata al mundo de cualquier característica que sólo se le atribuya al sujeto que investiga. La “conciencia e inteligencia, el sentido la finalidad e intención, la capacidad para significar y comunicar, la imaginación moral y espiritual” sólo son atribuibles a los seres humanos no a lo no-humano.

En una siguiente publicación resumiré algunos detalles que se derivan de la comparativa anterior.

Referencia:

Richard Tarnas, Cosmos y Psique, Tr. Marco Aurelio Galmarini. Girona: Atalanta, 3ª edición, 2006.

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