El silencio, Gran Brahmán (Ortega y Gasset)

Silencio… la mayor sabiduría

Brahmán: la mayor sabiduría: el silencio. En sánscrito es cercano al Logos griego.

“Por inevitable necesidad dialéctica todo gran descubrimiento acaba convirtiéndose en lugar común, y entonces pierde su verdad. La mera repetición lo invalida”. Volver las filosofías de la vida en tópicos (temas) los erosiona por repetición.

Invariablemente nos dividimos en dos: clásicos o románticos. Los primero reniegan ante lo que no se puede nombrar y los segundos aprecian que callar lo que no se puede nombrar es el culmen de lo más alto. Que algo no pueda ser nombrado no determina “la calidad de un conocimiento”: porque algo sea humilde no quiere decir que no sea elevado, no depende de si puede ser nombrado o no.

El silencio fecundo es sobre el que se decide y no al que se llega por no tener nada que decir. Cuando consciente y voluntariamente ejercitamos la posibilidad de callar “lo que se puede decir”: un silencio activo. No es un dejar de decir por capricho o, si entiendo bien, por la experiencia particular de cualquier momento.

Nuestro saber del prójimo

Pero hay otra sabiduría que “está condenada al silenciamiento”: “un saber sobre la vida humana, la de nuestros prójimos y la nuestra”: “un concreto saber de éste y el otro y el otro individuo, que puede enriquecerse con reflexiones generales, pero que en su base es individualismo”. El otro sabe algo de nosotros.

“El que sabe de los demás sólo o principalmente lo que le cuentan ─en el mejor de los casos, los actos externos de la persona─, no sabe nada de ellos”. Un saber del otro acerca de lo que “no se puede contar” y que, en la medida que más se sabe del otro, más se debe de callar uno la boca.

Una “hermética ciencia que los unos tenemos de los otros y todos ocultamos”. El conocimiento que tenemos de los otros que se va dando poco a poco. Es tan lento que no advertimos en el conocimiento que vamos teniendo del otro. Hasta que un día, la acumulación de lo que sabemos del otro tiene un peso considerable, tan significativo que incluso puede llegar a ser angustioso pues “¿cómo expresarlo?”. “Se trata de conocimiento individualísimo cuyo enunciado implicaría innúmeras palabras”. Nos implica un gran esfuerzo compartir al otro lo que sabemos de él o ella.

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Silencio

Este silencio que se abstiene de comunicar lo que del otro vamos sabiendo se ve además abonado ─al mismo tiempo─ por el “nuevo saber” que seguimos recuperando del otro. En nuestro silencio que no se exterioriza perdemos la oportunidad de ordenar y sistematizar nuestro saber, nuestra visión. Aunque, también, a veces sin quererlo, de poco a poco vamos dando al otro, a cuenta gotas, sobre su “modo de ser”: mediante pequeños comentarios, negando invitaciones a convivir, criticando en ocasiones, etc.

Otra causa de este silenciamiento: que se requiere, si entiendo bien, saberse uno mismo, saberse Yo, ser individualizado. Pero, al mismo tiempo, éstas opiniones de lo minucioso del otro y que son personales, solemos reprimirlas (como ya se ha dicho más arriba).

La civilización (así le llama Ortega y Gasset) permite y censura ─al mismo tiempo─ la posibilidad de compartir nuestra opinión personal sobre el otro. Las cosas difíciles que se nos aglutinan en la garganta y que quisiéramos decir al amigo o a la amiga, a la madre o al padre, etc.

Saber del prójimo

“Nuestra mejor sabiduría”, el saber del prójimo… que es el saber de uno mismo. Nuestra endofacia (nuestro hablar interno) que no se externaliza y que está en bruto en nosotros y que entonces no es una saber en plenitud. Una manera sería la sistematización: investigar en las impresiones que tenemos del otro con “orden, continuidad y método”.

“Toda esta perfección de nuestra sabiduría humana queda fallida por la censura que sobre ella practicamos”. La sistematización requiere la colaboración: <<lo que yo sé de ti posiblemente hace que te ayude de algún modo a que tu te descubras, y viceversa>>. Se requiere colaboración, muchos puntos de vista.

¡Lo que no sabríamos del hombre y la mujer (nuestra antropología) si pusiéramos más ésta sabiduría (un punto de vista particular) sobre el prójimo!

¿Cómo comunicar nuestro saber vital?

Cuando el otro está en el descubrimiento de su individuación es conveniente “no perturbar su delicada fermentación”. “Todo nace en la oscuridad y en el misterio”. La luz es lo último que se da. Así, todo saber mientras nace en nosotros no habla. “Todo conocimiento vive una primera época de esoterismo: es un misterio”.

Y una vez que un conocimiento es joven y guardado en el silencio llega el momento de hacerse adulto: “tiende al grito, necesita la expansión y la comunicación”. Llega a ser ciencia, esa que no puede aguantar decir en voz alta sus descubrimientos.

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Si reconocemos que todos tenemos un conocimiento de los unos y los otros, conviene que sepamos reconocer una jerarquía “entre los mejores y los peores dotados”. Somos torpez e imprecisos en lo que le decimos a otros. La “penetración del prójimo” es, como la inteligencia, una facultad de todos de manera bruta, pero sólo de algunos es un “talento específico”.

“[E]l conocimiento de lo que nos fue más próximo”: el modo de ser de los otros en la “vida concreta”, una ciencia VITAL: devolver a la vida la vida.

¿De qué sirve el conocimiento que tenemos de los otros?

Los otros tienen su propio conocimiento de nosotros. Vemos del otro la fama, el “in fraganti”. “Somos transparentes los unos con los otros” aunque creamos que logramos ocultarnos a nosotros mismos ante los otros. Es que los otros ven lo que hacemos.

“La mayor parte de los errores que cometemos se originan en la ignorancia de cuál es nuestro puesto en la estimación pública”. Nos la pasamos fingiendo, y los otros también. Es un grave silencio el que guardamos pues nos terminamos alejando los unos de los otros, nos aislamos. “Nos va aislando del prójimo lo que de el sabemos y callamos”.

Dios calla… ¿qué tanto no sabrá de nosotros? Acercarse a él como al amigo: mediante una explicación.


Referencia

José Ortega y Gasset, El espectador en Obras Completas (Tomo II). Madrid: Alianza. 2014.



Sobre el autor:

“Para encontrarse en lo infinito es menester discriminar y unir”.

I’Ching

Libro de las Mutaciones