El no-hacer, según Tólstoi

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Estamos acostumbrados a pensar que para mejorar nuestra vida tenemos que hacer algo: comenzar una práctica, adquirir un hábito, esforzarnos más, corregirnos, emprender alguna cosa nueva.

Tólstoi propone casi lo contrario: antes de preguntarnos qué debemos hacer, podríamos considerar qué podríamos dejar de hacer.

Porque para él es más perjudicial hacer lo que no debemos hacer que dejar de hacer aquello que deberíamos. De manera que el trabajo comienza por una especie de no-hacer: abstenernos de aquello que, incluso antes de explicárnoslo, sabemos que contradice nuestra consciencia.

Y esto, que parece más fácil, quizá sea precisamente lo más difícil.

Te invito a leer a continuación, con mayor profundidad, este tema.


I. Para llevar una vida de bien lo más necesario es la abstinencia

El no-hacer. Es más perjudicial hacer lo que no se debe de hacer que no hacer lo que se debe de hacer. De manera que hay que enfocarse en “no hacer lo que no se debe de hacer”, dice Tólstoi.

Lo mejor que podemos hacer por nosotros es tener una “vida de bien”. Y para tener una vida de bien hace falta dejar de hacer el mal más que hacer el bien. De manera que “lo esencial es no hacer el mal”.

Aunque podamos estar en consenso respecto a que «nuestra vida no es tan buena» como quisiéramos, y que además hacemos cosas encaminadas a mejorar nuestra vida, en realidad sabemos para nosotras mismas que tenemos una mala vida. Nos mentimos, no somos sinceros con nosotros mismos.

Para Tólstoi el problema es que nos enfocamos en “trabajos […] artificiosos y complicados” para mejorar nuestras vidas en vez de atender “lo fácil y sencillo” que es, en su opinión, abstenernos de “participar en aquellas cuestiones que hacen que nuestra vida sea mala”.

“El hombre puede saber lo que debe hacer sólo cuando comprende lo que no debe hacer”, dice Tólstoi. Esto es, a mi entender, que en la medida en que dejo de hacer lo que no debo de hacer entonces haré lo que debo de hacer sin que necesariamente sepa qué hace que haga lo que hago. Es como si el camino se comenzara a aclarar “sólo” por dejar de hacer lo que no debo de hacer. Como eso que queda y surge por poner atención en las omisiones perjudiciales: ¿cómo sería nuestra vida si dejáramos de enjuiciar a los demás sin conocer gran parte de su vida?, por hablar de un ejemplo. Es como una positividad (claridad) que se gana por negatividad (dejar de hacer).

Podemos llevarlo a cosas muy sencillas. Quizá no sepamos exactamente qué tenemos que hacer para mejorar una relación, pero sí sabemos que podríamos dejar de hacer ciertas cosas: dejar de responder inmediatamente cuando estamos enojados; dejar de repetir una crítica; dejar de hablar de alguien que no está presente; dejar de mirar el teléfono mientras el otro nos habla; dejar de apresurarnos cuando no hace falta.

No necesariamente aparece de inmediato “lo bueno”. Pero al retirar algo que enturbia nuestra vida, queda un espacio. Y quizá eso sea lo que Tólstoi quiere señalar: no siempre necesitamos producir el bien; a veces basta con dejar de obstaculizarlo.

“¿Tienes prisa?”, pregunta Tólstoi. Lo mejor que puede uno hacer es nada, no hacer, detenerse.

Ante nuestros abatimientos morales, “tratarnos como un enfermo”, “no emprender nada”.

¿Hacer o no hacer?

Si dudas, dice Tólstoi, no hagas. Pues si tenemos dudas es porque tenemos interrogantes sobre el provecho moral de hacer. Nos detenemos porque no estamos seguros de si el resultado será un bien, incluso, de si nuestra intención es en bien. Detenerse y preguntarnos «si hacer o no» nos hace darnos cuenta que ahora sabemos que podemos abstenernos y que dudamos del pleno beneficio moral del acto puesto en duda.

La idea de que no podemos privarnos de nada es falsa. Ojo con utilizarla como justificación: «como no me puedo aguantar las ganas pues lo hago», aunque sepa que no es en mi bien”. Nos convencemos pero termina siendo un engaño, pues sabemos que eso de lo que no somos capaces de privarnos va en perjuicio de nosotros. No lo dice Tólstoi pero lo digo yo.

Es mejor lamentarse por no hacer “lo que debía hacer y que habría estado bien que hiciera”, que por haber hecho algo malo “y que no debía haber hecho”.


II. Consecuencias de la incontinencia

¿Hacer algo distinto a lo que deberíamos de hacer o dejar de abstenernos de hacer lo que no deberíamos de hacer? Ambas conllevan daño, pero hacer la primera opción, menos.

Entre la incontinencia y la continencia, entre no aguantar y aguantar… No aguantar debilita nuestro aguante. Ojo con no acostumbrarnos a no aguantarnos (es decir a la incontinencia) pues es “como tener un caudal de agua invisible debajo de una casa. Esa casa no aguantará”.

Insiste sobre “los reproches de la consciencia”, que son más graves, más hondos, más dolorosos, sobre eso que hicimos ─y que no debíamos de haber hecho─ y no sobre lo que no hicimos. Ejemplifica con: es mejor quedarse corto que excederse; es mejor llegar tarde que apresurarse.

“Cuanto más compleja parezca la situación, menos debemos actuar. Es precisamente mediante la acción que arruinamos lo que ya se empezaba a arreglarse”.

“La mayoría de las personas a las que llamamos malas, se han vuelto así porque tomaban su mal humor por el estado legítimo del alma y se abandonaban a él sin hacer esfuerzos para oponerle resistencia”.

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“Si sientes que no tienes la fuerza suficiente para contener el deseo carnal, es porque seguramente no lo contuviste cuando aún podías hacerlo, y ahora el deseo se ha vuelto un hábito en ti”.


III. No toda actividad es digna de respeto

No toda actividad por ser algo que hacemos es honorable, “digna de respeto”. En opinión de Tólstoi hay que dar cuenta de “en qué consiste la actividad” y bajo “qué condiciones” nos abstenemos de actuar. Es decir, a mi entender, detenernos a reflexionar bajo qué condiciones lo que hacemos podríamos dejar de hacerlo y aclarar (junto con ello) qué es lo que hacemos. “¿Qué es en realidad lo que hago? ¿Y exactamente qué quiero yo con ello?” (Nietzsche, Aurora §196)

¿Cómo es para nosotros,…optamos por diversiones inocentes (como el juego amable y divertido que disfrutamos) o nos enfocamos en ocupaciones en las que no nos divertimos? ¿Dónde ponemos nuestro tiempo, a qué le damos mayor importancia? ¿Podrías dejar de ocuparte de lo que haces actualmente… para siempre, “no llevarlo a cabo [nunca] jamás”?

Si a uno lo que le interesa es un verdadero “desarrollo de la vida” poner demasiada atención en actividades de “lo exterior y turbulentas”, además de inútil, resulta nocivo. Si uno no hace nada (si hay apertura al ocio, a estar des-ocupado), entiendo, debería de aprovecharlo para el “trabajo interior”; aprovechar que son otros lo que trabajan en beneficio de uno y que entonces facilitan que uno sea “rico”, que bien podría entenderse como rico materialmente pero me gusta más pensar que Tólstoi se refiere a una riqueza interna que uno acumula porque sabe dirigir a los otros; ¿“los otros” de uno mismo? Pudiera ser.

La manera en que dañamos “a la humanidad” es haciendo lo inútil pues uno está haciendo lo que no se debe hacer que, en el sentido de este párrafo sería, estar sólo en lo externo y turbulento.


IV. El hombre puede contenerse de cometer malas acciones sólo cuando tiene conciencia de que es un ser espiritual y no carnal

“Para aprender a contenerse, es necesario aprender a desdoblarse en un ser corporal y uno espiritual, y acostumbrar al hombre corporal a hacer no lo que él quiere, sino lo que el hombre espiritual quiere”.

Parece decir Tólstoi que es necesario que nuestra alma esté despierta, activa pues, de lo contrario, estaremos a merced de nuestro cuerpo y sentidos (que residen en él) y las muchas “manifestaciones” (lo que se da a conocer) de la gente que nos rodea. Esto es: terminaremos imitando a los demás en sus muchas manifestaciones desde el alma dormida: bostezamos, nos excitamos, nos enojamos, nos conmovemos, lloramos, etc., como los otros lo hacen. De lo anterior que nuestras “malas acciones” se originen de subordinarnos (inconscientemente) a las “influencias externas” pues esto que imitamos está en “desacuerdo” con las exigencias de nuestra consciencia, así que terminamos actuando “mal”.

En este sentido, podemos decir que para Tólstoi actuar mal es actuar por influencia de los demás que están dormidos. Es así que Tólstoi sugiere: Estar “atento a estas influencias externas y no” dejarnos dominar por su violencia (habla de sojuzgar).

“Sólo si desde joven acostumbras al hombre corporal a obedecer al espiritual, te resultará fácil refrenar tus deseos. Y la vida de la persona que ha aprendido a refrenar sus deseos es, en este mundo, fácil y festiva”.


V. Mientras más luches contra la incontinencia, más fácil te será la lucha

Cita a Pascal: siempre estaremos en lucha con nosotros mismos, entre nuestra razón y nuestras pasiones. Podemos estar o no de acuerdo pero, la verdad, es que así es muchas veces en nuestra vida.

La tarea principal de la vida: “respetar a los otros como a uno mismo y actuar con ellos como queremos que actúen con nosotros” (Regla de Oro). Pero para ello hace falta tener “dominio de uno mismo”. Y para tener dominio de uno mismo “es necesario ejercitarse”.

“Cada vez que tengas muchas ganas de hacer algo, detente y piensa: esto, de lo que tantas ganas tengo, ¿es bueno?”

Las malas acciones traen consigo “malas conversaciones” y “malos pensamientos”. De manera que no basta con abstenernos de hacer lo malo, sino también de dejar de decir y pensar lo que es malo. ¿Qué hace mala una conversación? Burlarte, juzgar o insultar, sea de ti mismo o de otra. Entonces, hace falta darse cuenta uno de ello y “detente, calla y no escuches”. Lo mismo con el pensar: si caemos en cuenta que estamos pensando mal sobre alguien (“merezca o no ese juicio”) “detente e intenta pensar en otra cosa”, dice Tólstoi.

“Sólo cuando aprendas a abstenerte de las palabras malas y de los malos pensamientos, tendrás la capacidad de abstenerte de cometer malas acciones”.

La pasión, aunque regresen con fuerza una y otra vez, si nos mantenemos en el esfuerzo, irá disminuyendo su fuerza y cada vez será más fácil vencerla. “No te desanimes”: No sueltes el trabajo.

“Toda pasión en el corazón del hombre, al principio se comporta como un mendigo, luego como un huésped y, finalmente, como el dueño de la casa. Intenta no ceder a los ruegos de ese mendigo, no le abras la puerta de la casa que es tu corazón”.


VI. El significado de la continencia para las personas aisladas y para la humanidad entera

“Si quieres ser libre, acostúmbrate a refrenar tus deseos”.

“¿Quién es sabio? El que siempre aprende algo de cada persona. ¿Quién es rico? El que se contenta con su suerte. ¿Quién es fuerte? El que sabe dominarse”.

El Talmud

“[…] Se necesita mucha más fuerza para abstenerse del mal que para llevar a cabo la tarea más difícil que consideremos como buena”.

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Y en consonancia con Nicoll y el Cuarto Camino ─me parece─ comenta Tólstoi que sobre las “situaciones que vivimos no son nada” en comparación al “dominio” que podemos tener sobre nosotros mismos. Da lo mismo ante qué situaciones estemos pues donde realmente se da nuestra batalla es cómo respondemos a esas situaciones, sea aquí o allá o acullá, sea con esta, aquel o aquella persona. “La fuerza no está en las condiciones exteriores, sino en la capacidad [que ejercitemos con disciplina] de dominarse”.

Pues… “La verdadera fuerza no está en aquél que vence a los otros, sino en aquél que se vence a sí mismo, que no permite que el animal que hay en él domine su alma”, dice Tólstoi.

Siguiendo al Budismo, si respondemos a nuestros placeres éstos terminarán siendo fuertes en nosotros y nos encadenarán. “Quien pudo vencer la pasión, ése [ésa] rompió las cadenas”.

Rico es el que posterga el placer, el deleite. Y siguiendo a Kant: “La conciencia de que el deleite está en tu poder, es más fecunda y vasta, como todo lo ideal, que el deseo satisfecho mediante el deleite, porque con la satisfacción se destruye el sentimiento mismo del deleite”.

Una distinción hay que tener clara: que para Tólstoi “es mejor tratar de ser bueno que tratar de hacer el bien”. Lo primero recae en el terreno de uno, uno hace para sí, cuida de sí, como de un “recipiente”, dice el ruso. Si el recipiente de uno está limpio “la luz de la verdad brillará a través de él, para el hombre [la mujer] mismo y para los otros”. Entonces, hacer para uno, trabajar en uno, no lo contrario, pues “su cometido principal […] es interior y consiste en mantener limpio su propio recipiente”. Quien se procura a sí mismo su bien tendrá luz para sí y podrá entonces dar luz a los demás.

“Basta con que no hagas lo que no se debe de hacer, para que hagas todo lo que se debe hacer”, como decía al inicio de este apartado de No-hacer.

¿“Qué es lo primero que hay que hacer para [que podamos] vivir bien? Dejar de hacer todas las cosas superfluas que hacemos, que, según Tólstoi a inicios del s.XX, son el 99% de las cosas.

Si al contrastar “nuestra vida” con “nuestra consciencia” nos cachamos en una mentira, ésta permanecerá ahí con nosotros por más que tratemos de cubrirla, ignorarla, evadirla. Nuestras mentiras: como una sutil telaraña que se va estirando y depositando encima de nuestra vida, “atando el orden existente de las cosas”, condicionando que un nuevo mundo pueda surgir para nosotros pues las mentiras, tarde o temprano, obstaculizan.

Para Tólstoi es la “consciencia moral” la que nos puede sacar de la miseria y nuestras contradicciones, más cercanos a una “forma de vida” que nos sea más “natural”. Pero lo anterior requiere un “esfuerzo moral”.

Y ojo… Es un esfuerzo no del tipo positivo: “moverse, […] o descubrir una nueva concepción del mundo, nuevas ideas y realizar acciones nuevas y extraordinarias”. Es un “esfuerzo negativo”: “el esfuerzo de no seguir la corriente, el esfuerzo de no realizar actos incompatibles con la conciencia interior”. ¿Qué requerimos para hacer esfuerzos negativos? No es que requiramos algo sino que más bien, de pronto, nos encontramos en situaciones en que hemos sido “empujados tanto por la crueldad de la vida como por la claridad y la propagación de la doctrina cristiana”, dice.

“El movimiento más pequeño de la materia es importante para la naturaleza entera. El mar entero se modifica a causa de una sola piedra. Lo mismo ocurre en la vida espiritual, el movimiento más pequeño provoca consecuencias infinitas. Todo es importante“. PASCAL


Referencia

Lev Tólstoi, El camino de la vida, Tr. Selma Ancira. Barcelona: Acantilado, 2019.



Sobre el autor:

“Para encontrarse en lo infinito es menester discriminar y unir”.

I’Ching

Libro de las Mutaciones