El fenómeno del miedo

Dice Heidegger (en Ser y tiempo §30) que el fenómeno del miedo aparece ante nosotros como “lo temible” y que se nos hace presente mediante “el carácter de lo amenazante”. ¿Qué abarca lo amenazante? Algo que puede ser perjudicial. Perjudicialidad que tiene un determinado ámbito en el que nos vemos (fantaseamos) afectadas. Un ámbito —una zona— que experimentamos como inquietante. Cuando algo que conocemos perjudicial para nosotros nos es, además, amenazante, no está aún en una cercanía que podamos dominar y, sin embargo, “se acerca”. Así, a medida que se acerca (se des-aleja) es que lo perjudicial “irradia y cobra su carácter de amenazante”. Algo puede alcanzarnos o quizás no. “Es terrible”, decimos.

“Esto significa que lo perjudicial, al acercarse […], lleva en sí la abierta posibilidad de no alcanzarnos y pasar de largo —lo cual no aminora ni extingue el miedo— sino que lo constituye”. Lo temible, entonces, es no saber si sí o si no seremos alcanzados por lo que estimamos perjudicial para nosotros.

“Tener miedo” es dejarse afectar por lo anteriormente descrito. Sólo si nos dejamos “tener miedo” es que una puede aclarar qué es lo temible para sí misma, pues una no puede anticipar que tendrá miedo de algo que no se teme pues para temer hay que tener miedo de algo.

Tener miedo, dice Heidegger, “abre nuestro mundo” haciendo posible que “lo temible” se acerque a nosotros.

El tener-miedo-por puede también estar relacionado con otros y “entonces decimos que tememos por ellos”. Temer por otro no requiere que el otro tema en reciprocidad pues el otro puede no tener miedo; y, en este sentido, nuestro temor es mayor cuando el otro no tiene miedo y, por si fuera poco, es temerario ante lo amenazante: se arriesga, según nuestros criterios medrosos. Temer por… es una forma solidaria con los otros. Se puede temer por… sin tener miedo uno mismo. Pero en rigor “temer por… es temer también uno mismo”. “Se teme entonces por el co-estar con el otro, ese otro que podría serle arrebatado a uno”.

Por último, hay distintas “posibilidades del ser del tener miedo”, dice Heidegger. La cercanía integra la estructura de lo que nos es amenazante. Si algo amenazante “irrumpe brusca y sorpresivamente” en nuestro mundo y, además vamos por él de la forma que podemos enunciar como «algo puede alcanzarme o quizás no, pero no estoy seguro en qué momento pueda presentarse», el miedo toma la forma de susto. El susto se presenta ante algo que, aunque repentino, conocemos con anterioridad. Pero si lo amenazante es desconocido entonces nuestro miedo se convierte en pavor. Y si, la pavoroso es además repentino, nuestro miedo se convierte en espanto. Otras variedades del miedo son: “la timidez, la temerosidad, la ansiedad, el estupor”.

Referencia:

Martin Heidegger, Ser y tiempo, Tr. Jorge Eduardo Rivera C. Madrid: Trotta, 1ª reimpresión, 2014.


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