El aburrimiento profundo

A propósito de La sociedad del cansancio, de Byung-Chul Han

CEZANNE (Mont Sainte-Victoire, 1906)

El multitasking, un retroceso animal

Exceso de positividad es exceso de estímulos.

Han entiende por “positividad” la “sobreabundancia de lo idéntico” o, con palabras más sencillas: estoy deprimido y para intentar “salir” de ella hago más, me cargo de más actividades, de más fármacos, de más distractores, de más terapias, más, más, más… positividad. ¿Lo contrario? Negatividad: restar, abstenerme, etc.

Nuestra atención lamenta el exceso de estímulos. “Debido a esto, la percepción queda fragmentada y dispersa”. El multitasking, en este sentido, es un retroceso pues es una “técnica de supervivencia en la selva”, bien conocida por los animales. El animal no puede sumergirse en lo contemplativo (alimentación y cópula no sumergible “en lo que se tiene enfrente”) por su instinto de supervivencia puesto en el trasfondo… también.

Basta con mirar el mediodía de cualquier oficina en la Ciudad de México: se come frente a la pantalla mientras se responde un WhatsApp, se maneja mientras se escucha un audio, se acompaña a un hijo al parque con el celular en la mano vigilando el correo, se correo y al mismo tiempo se lleva el celular en la mano y se le va “revisando” al mismo tiempo. Es la misma vigilancia del trasfondo que describe Han en el animal salvaje, sólo que el depredador ahora es la bandeja de entrada.


Hiperatención y la comunidad que escucha

En contraste, lo cultural requiere de la “atención profunda”. Pero la sociedad actual la reemplaza por una “hiperatención”. Una atención dividida que cambia constantemente de foco entre distintos estímulos. Esa hiperatención tiene su paisaje más nítido en el navegador con veinte pestañas abiertas, en el salto reflejo entre aplicaciones cada vez que algo se vuelve mínimamente denso, en la notificación que fragmenta cualquier tarea antes de que pueda completarse.

Además, por si fuera poco, esta atención dividida no es lo suficientemente paciente para aburrirse (intolerante al hastío) y lograr el despertar creativo mismo de esos estados. Pienso, por ejemplo, en la sala de espera sin celular, en el semáforo largo, en la fila del banco: momentos que hoy llenamos mecánicamente con la pantalla en cuanto aparece el primer indicio de aburrimiento. En consulta ocurre algo parecido: muchos pacientes no toleran el silencio y lo llenan de palabras apenas se instala en nuestro espacio; y sin embargo es en ese mismo silencio —el hastío del que habla Han— donde algo nuevo puede, a veces, empezar a aparecer.

Puede interesarte  ¿Qué se siente ser murciélago para Thomas Nagel?

Para Walter Benjamin, el aburrimiento es el punto álgido de la relajación del espíritu. Si no estamos relajados no podemos escuchar y entonces “la comunidad de la escucha desaparece”. Pensemos en la cena familiar con los celulares sobre la mesa, encendidos aunque en silencio: basta esa sola presencia para que esa comunidad de la escucha se disuelva sin que nadie diga una palabra.


Del paso acelerado al paso de baile

“La pura agitación no genera nada nuevo […] [sólo] reproduce y acelera lo ya existente”. En contraste “[…] lo flotante, lo poco llamativo y lo volátil se revelan sólo ante una atención profunda y contemplativa”.

Para invocar lo anterior, para saber escuchar lo inaudible, hace falta nutrir “la capacidad de una profunda y contemplativa atención, a la cual el ego hiperactivo ya no tiene acceso”.

“Quien se aburra al caminar y no tolere el hastío deambulará inquieto y agitado, o andará detrás de una u otra actividad. Pero, en cambio, quien posea una mayor tolerancia para el aburrimiento reconocerá, después de un rato, que quizás andar, como tal, lo aburre. De este modo, se animará a inventar un movimiento completamente nuevo. Correr no constituye ningún modo nuevo de andar, sino un caminar de manera acelerada. La danza o el andar como si se estuviera flotando, en cambio, consisten en un movimiento del todo diferente. Únicamente el ser humano es capaz de bailar. A lo mejor, puede que al andar lo invada un profundo aburrimiento, de modo que, a través de este ataque de hastío, haya pasado del paso acelerado al paso de baile. En comparación con el andar lineal y rectilíneo, la danza, con sus movimientos llenos de arabescos, es un lujo que se sustrae totalmente del principio de rendimiento.”

El que baila lo hace para alimentar su alma no para las estadísticas. Caminar por Coyoacán sin destino ni podómetro, dejando que el paso se vuelva más lento de lo necesario, puede ser hoy una forma discreta de ese hastío lleno de sentido, frente al caminar convertido en ejercicio cronometrado.


Vita contemplativa: recuperar el asombro

Vita contemplativa: En su origen un desarrollo de Filón de Alejandría (20 – 45 a.c.). En concreto Han invita: a recuperar el asombrarnos de lo que es como es, libre de cualquier intención nuestra de hacer algo con eso que es. El asombro fue reemplazado por la duda cartesiana-modernidad. Fotografiar un atardecer en vez de mirarlo, o investigar un lugar exhaustivamente antes de visitarlo en vez de dejarse sorprender por él, son gestos pequeños en los que el registro ─para compartirlo mediante una publicación de Instagram, por ejemplo─ sustituye al asombro, y la duda instrumental (la que busca obtener algo con ello) ocupa el lugar que antes tenía la sorpresa ante lo que simplemente es.

Puede interesarte  SOSEKI (Kokoro, 1914)

Nosotros podemos asombrarnos también de lo que es perecedero, de lo que tiene un fin y no como creía Filón de Alejandría que sólo lo podíamos hacer de eso que es invariable y bello eternamente, podríamos decir. Y aquí, con lo que apunta Han, me recuerda a “lo próximo”: “Justo lo flotante, lo poco llamativo y lo volátil se revelan sólo ante una atención profunda y contemplativa”.

Para poder contemplar los distintos ritmos de la vida (la Vida, no sólo la Vida Humana), en especial los lentos y dilatadamente extensos, hace falta el sosiego, detenernos, aquietarnos.


El recogimiento

Cuando contemplamos nos salimos de nosotros mismos y nos sumergimos en las cosas. “Sólo la profunda atención impide “la versatilidad de los ojos” y origina el recogimiento que es “capaz de cruzar las manos errantes de la naturaleza”, detener por unos instantes el devenir de la vida…


Referencia:

Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio, Tr. Arantzazu Saratxaga Arregi. Barcelona: Herder, 1a. edición, 2012.



Sobre el autor:

“Para encontrarse en lo infinito es menester discriminar y unir”.

I’Ching

Libro de las Mutaciones