Ejercicios espirituales por Pierre Hadot

“<<Filosofar no supone construir un sistema, sino dedicarse, una vez se ha iniciado, a mirar con sencillez dentro y alrededor de uno mismo>>”.

Pierre Hadot cita a Henri Bergson

Los pensadores antiguos

Para Pierre Hadot hay una supuesta incoherencia en nuestra interpretación de los filósofos antiguos pues éstos no pretendían establecer un sistema de pensamiento sino dar “técnicas que perseguían fines educativos concretos”, que produjeran en los lectores (estudiosos) cierto estado de ánimo.

Ejercicios espirituales no son una metafísica sino una práctica, “un trabajo en relación con uno mismo”, una “ascesis del yo”, es decir, una serie de reglas y prácticas encaminadas a la liberación del espíritu y el logro de la virtud. Son contenidos, por decirlo de alguna manera, por la experiencia, de manera que son actividades que deben de ser experimentadas. Espirituales, no en un sentido religioso, sino que pretenden abarcar más allá del pensamiento, la “totalidad psíquica del individuo”: pensamiento + imaginación + sensibilidad + voluntad. “[c]omprometen a la totalidad del espíritu”. Los ejercicios espirituales constituyen un modo de vivir, una elección que se hace de cara a la existencia, que modifica nuestro entendimiento del mundo y que (muy probablemente) nos exige una transformación, “un cambio radical en el ser”.

Al leer a los antiguos alejémonos de la idea moderna de que buscaban transmitir un sistema de pensamiento; más bien, dice Hadot, hablan de una serie de ejercicios espirituales que tienen la intención de que el lector (y hay que saber leer) forme su espíritu y, así, es que disponen de un “valor psicagógico”. Psicagogía: Arte de conducir y educar el alma. Con estos ejercicios espirituales ha de ponerse atención en el efecto que buscan tener en nosotros y no en interpretar una manera adecuada de ser (pensamiento o sentimiento).

También hay que tener en claro que los ejercicios espirituales a los que hace referencia Hadot se alejan del estilo de San Ignacio de Loyola, pues éstos son de influencia sabida del cristianismo grecorromano, que a su vez se influye del cristianismo griego y, nuevamente a su vez, de la tradición filosófica antigua, así que Hadot pretende ir a la fuente antigua más que partir de nuestra tradición heredada. De hecho Hadot critica como la teología cristiana demeritó a la filosofía al ponerla a su servicio, al arrebatarle sus ejercicios espirituales y hacerlos del dominio de la mística cristiana. Sería hasta el existencialismo (con Nietzsche y Bergson) que la filosofía redescubriría “de manera consciente una forma de vivir y percibir el mundo, una actitud concreta”.

Ejercicios espirituales: posibilidad de enraizamiento con “el todo”

La actualidad demanda una espiritualidad que ninguna religión parece cubrir. Se utiliza la palabra “espiritual” por el rango que pretende cubrir Hadot. Así, al utilizar espiritual Hadot se está refiriendo a ejercicios que abarcan no sólo el pensamiento sino también la imaginación y la sensibilidad, además de “definición, división, razonamiento, lectura, estudio, amplificación retórica”. Son ejercicios, recuperando su ámbito ético, que “colaboran poderosamente en la terapéutica de las pasiones, incidiendo en la conducta vital”, dice Hadot. Una “totalidad psíquica”.

Los ejercicios espirituales (como mencioné más arriba) modifican nuestra visión del mundo y, paralelamente, generan una metamorfosis en nuestra personalidad, reconectándonos con el “espíritu objetivo”, es decir, con la perspectiva del todo.

Aprender a vivir

Filosofía es ejercicio; filosofía es el arte de vivir, no la enseñanza e interpretación de teorías abstractas. Es una “actitud concreta”, un “estilo de vida” que nos responsabiliza sobre nuestra propia existencia. La filosofía no es sólo conocimiento sino preguntarnos si algún tipo de conocimiento nos hace tener una mejor vida. Es un convertirnos en otro, de ahí que para ellos (los pensadores antiguos) la filosofía tenga un sentido conversivo. Se pasa de la inconsciencia (preocupaciones) a la consciencia de sí mismo, en el que puede tener una “visión exacta del mundo”.

Para todas las escuelas filosóficas antiguas nuestros problemas (sufrimiento, desorden e inconsciencia) se derivan de nuestras pasiones: “deseos desordenados y temores exagerados”. No vivimos en la verdad por el dominio que tienen las preocupaciones en nosotros. Filosofía es una “terapia de las pasiones”, donde cada escuela tiene sus métodos terapéuticos. Promueven una transformación profunda (conversión) en la manera de ver y ser del hombre que, por cierto, “no resulta nada fácil efectuar”.

¿Algunas pistas?

¿Cómo llevar a cabo ejercicios espirituales en pleno siglo XX? No como una práctica meditativa estereotipada. Son prácticas en extremo sencillas que pueden parecer banales y que, precisamente, “si lo que se quiere es comprender su sentido, hay que vivirlas, experimentarlas sin cesar”.

I. La atención.

II. La meditación y la rememoración de cuanto es beneficioso.

III. Ejercicios intelectuales: lectura, escucha, estudio y examen en profundidad.

IV. Ejercicios de naturaleza más activa: dominio de uno mismo, cumplimiento de los deberes y la indiferencia ante las cosas indiferentes.

Referencia:

Pierre Hadot, Ejercicios espirituales y filosofía antigua, Tr. Javier Palacio. Madrid: Siruela, 1a edición, 2006.

Por Gilberto Santaolalla

Ciudad de México (1977). Psicoterapeuta con 11 años de práctica. Maestro en Filosofía. Esposo y padre. Entusiasta de la filosofía, la escritura creativa, la carpintería, los oráculos y la fotografía. Aprendiz del fuego.

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