Eirenaeus Philalethes (La montaña, s. XVII)

Dr. Atl (Gerardo Murillo) (Vista del Popocatépetl, 1934)

“Hay una montaña situada en medio de la Tierra o centro del mundo, que es al mismo tiempo pequeña y grande, blanda y más allá de toda medida dura y pétrea. Está alejada y sin embargo al alcance de la mano, mas por la Providencia de Dios es invisible. En ella están escondidos los mayores tesoros que el mundo no es capaz de valorar. Esta montaña, a causa de la envidia del Diablo, siempre opuesto a la Gloria de Dios y a la felicidad del hombre, está rodeada de bestias muy feroces y de otras aves rapaces que hace el camino difícil y peligroso. Y por esta razón hasta el día de hoy, porque los tiempos no han llegado todavía, el camino que conduce allí no ha podido ser encontrado ni imaginado. Pero ahora, al final, el camino será encontrado por aquello que son dignos de él, pero no sin el trabajo y los esfuerzos del hombre.

Iréis hacia esta montaña en el curso de una cierta noche (cuando aquello viene) muy larga y muy oscura y procurad haberos preparado mediante la oración. Insistid para conocer el camino que conduce a la montaña, pero no preguntéis a nadie dónde se encuentra: seguid solamente a vuestro Guía que se os presentará y que vendrá a vuestro encuentro en el curso del camino. Pero vosotros no lo conoceréis. Este Guía os conducirá a la Montaña a medianoche cuando todo está silencioso y oscuro. Es necesario que os arméis de un valor decidido y heroico, sin el cual tendréis miedo de las cosas que ocurran y caeréis hacia atrás. No tenéis necesidad no de espada ni de ninguna otra arma corporal: sólo pedid a Dios su ayuda sinceramente y con todo vuestro corazón. Cuando hayáis descubierto la Montaña, éste será el primer milagro que os aparecerá: un viento muy impestuoso y muy fuerte sacudirá la Montaña y hará estallar las rocas en pedazos. Vosotros estaréis también rodeados de leones, dragones y otras bestias terribles: pero no temáis estas cosas. Sed decididos y tened cuidado de no volveros atrás porque vuestro Guía, aquel que os ha conducido hasta allí, no permitirá que ningún mal os alcance. pero en cuanto al teroso, todavía no estará descubierto, aunque esté muy cerca. Una vez calmado el viento, cendrá un temblor de tierra que derribará todo lo que el viento había dejado y lo arrastrará todo. Pero estar seguros, vosotros no seréis derribados. Después del temblor de tierra caerá fuego y consumirá toda la mugre de la tierra y descubrirá el tesoro. Pero vosotros todavía no podréis verlo. Después de todas estas cosas y cerca del alba, habrá una gran calma, veréis la estrella de la mañana, aparecerá la aurora y veréis un gran tesoro. La cosa más importante y perfecta en él es una cierta tintura exaltada, con la cual el mundo, si ha servido a Dios y si es digno de una tal don, puede ser teñido y transformado en el oro más puro. Esta tintura empleada según las instrucciones de vuestro Guía, os rejuevenecerá si sois viejos y no tendréis ya mal alguno en ninguna parte de vuestro cuerpo. Con la yuda de esta tintura encontraréis también perlas de una perfección inimaginable. Pero no os atribuyáis nada a vosotros mismos de vuestros poderes nuevos, contentaos sólo con lo que vuestro Guía os comunique; alabad a Dios perpetuamente por su Don y procurad no usarlo para un fin de agasajo mundano: empleadlo en trabajo tales que sean contrarios al mundo. Usadlo rectamente y gozad de él como si no lo tuvierais. Llevad una vida templada, sin pecado, sin lo cual vuestro Guía os abandonará y seréis privados de su gozo; sabed esto en verdad: El que abuse de la tintura y no viva de modo ejemplar, con pureza y devoción ante los hombres, perderá este beneficio y no le quedará casi la esperanza de volverlo a encontrar después. Esta es la descripción que nos han hecho de la montaña de Dios, el Horeb Místico y Filosófico que no es nada sino la parte más elevada y más pura de la tierra.”

Eugenio Filaleteo

Referencia:

Carlos de Tilo, La Puerta. Simbolismo, 1988.

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