Deseo mimético desde René Girard

Deseo mimético desde René Girard

Para René Girard, deseo es la influencia, la contaminación recíproca de imitación y de apetitos; el yo que desea porque imita a un otro. En este sentido, “el hombre es entendido como un sujeto imitador”[1]. Nuestro deseo proviene del otro, siendo éste “eminentemente social”[2], es decir, no deseamos independientemente del grupo social al que pertenecemos, sino que nuestro deseo se deriva —principalmente— de adoptar al otro como modelo. En otras palabras, nuestro deseo no nos pertenece sólo a nosotros, no depende de una propiedad especial que podamos tener, sino que siempre se nos será sugerido por otra persona en quien tenemos premura por imitar.

¿Qué deseamos? Hay que aclarar que para René Girard desear no es lo mismo que necesitar. Necesidad se refiere a los requerimientos para la vida como son la comida, líquidos y el cobijo, mientras que los deseos se dirigen hacia bienes u objetos con un significado simbólico y que son conformados y aprendidos al imitar el deseo de otros.

Triángulo de deseo

El deseo de aquellos objetos siempre será triangular en la medida que aquello que deseamos (porque lo imitamos) está mediado por Otro. Los vértices de éste triángulo son: a) el sujeto que desea el objeto, b) el objeto que desea y c) el modelo, cuyo propio deseo designa el objeto como deseable y que el sujeto señala como deseable porque quiere imitarlo (e.g. si deseo poseer el chocolate que tiene María no es sólo porque me gusta el chocolate sino porque, principalmente, también lo desea María), copia al modelo incluso en la forma en que éste desea, a tal grado que el objeto mismo pasa a un segundo plano de interés y el sujeto se interesa en la rivalidad que le representa el modelo, transformándose en un modelo-obstáculo a medida que se va desarrollando la relación.

Para René Girard, el carácter mimético del deseo es la causa primordial de la violencia humana. “La violencia surge como una derivación no calculada del carácter mimético del deseo”[3]. De esta manera, la rivalidad tiene como punto de partida no la violencia en sí, sino la imitación per se. Dicha rivalidad por el objeto (oculta con mucha frecuencia) suele desembocar en una destrucción del otro y, paradójicamente, en la destrucción del sujeto mismo.

Surge entonces, para René Girard, un sentido ético: reconocernos en el comportamiento de los demás pues los otros desean lo que nosotros tenemos (somos) tanto como nosotros deseamos lo que los otros tienen (son). “Lo esencial, en este sentido, para cada uno es tomar conciencia de su propio deseo mimético”[4].

¿En qué medida la figura del psicoterapeuta es un modelo a seguir por parte del paciente, y que mantiene la relación terapéutica latente sobre la posibilidad de rivalizar entre ellos sin tener claro el objeto por el que se riñe?

Referencias:

[1] Ángel Barahona Plaza, “René Girard”, Personalismo terapéutico: Frankl, Rogers, Girard, Xosé Manuel Domínguez Prieto (comp.). Madrid: Fundación Emmanuel Mounier, 1ª edición, 2005. p. 134 [2] João Cezar de Castro Rocha, ¿Culturas shakespearianas? Teoría mimética y América Latina. Guadalajara: Cátedra Eusebio Francisco Kino SJ, 1ª edición, 2014. p. 48 [3] idem, p. 51 [4] Girard en De Castro Rocha, p. 52

Por Gilberto Santaolalla

Ciudad de México (1977). Psicoterapeuta con 11 años de práctica. Maestro en Filosofía. Esposo y padre. Entusiasta de la filosofía, la escritura creativa, la carpintería, los oráculos y la fotografía. Aprendiz del fuego.

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