
Para Laura, Sofi-a, Adrián y Alfredo
El barco regresó a puerto hace más de tres meses. La tripulación se despidió con la promesa de volvernos a reunir para platicar acerca de nuestro recorrido. Yo, El Cocinero, estoy sin rumbo desde ése día. ¿En qué pongo ahora las manos? ¿Qué amarras exigen ser soltadas o tensadas?
Tengo que entregar la bitácora final al contramaestre y simplemente no encuentro cauce: ¿describir cada puerto que visitamos? ¿detallar las condiciones climáticas que nos asediaron? ¿hacer una lista detallada de las reparaciones que requirió la nave? ¿reportar los padecimientos atravesados por cada uno de nosotros? ¿dar una estampa burda de los amaneceres que suspiramos o de los ocasos que sacudieron? ¡Qué carajos reporto!
El miércoles 15 de julio ─tal cual prometieron─ regresaron los cuatro tripulantes a mi nave. Hemos compartido algunos alimentos y bebidas ligeras. Yo tenía en el registro las fechas exactas en que levamos el ancla y atracamos a nuestro regreso: miércoles 29 de octubre de 2025 y miércoles 3 de junio de 2026, respectivamente. Veintisiete trayectos. 71 horas de viaje total. Ninguna baja en la tripulación.
¡Y cuál fue mi sorpresa esa última noche! De esos cinco individuos no se podía obtener uniformidad alguna. Cinco estatuas éramos. Cinco individualidades, donde terminaba uno empezaba otra. Sólo estuvimos juntos esa última noche para atestiguar entre nosotros que lo único en común fue y seguirá siendo, probablemente, la amistad.
Siento que la esencia de MADRUGADA 2025 no está tanto en los autores, películas, ejercicios o puertos visitados, sino haber aprendido juntos a atender: pasar de esa ausencia en la que «uno no está del todo en lo que está», a implicarse de manera más consciente en la propia vida.
El recorrido fue llevando la mirada desde la crisis de presencia y la pérdida de sentido de nuestro tiempo hacia el cuidado de nuestra atención, lo próximo y lo aparentemente trivial, la escucha de aquello que en uno pide ser vivido y, finalmente, la posibilidad de actuar con mayor coherencia con lo que uno es.
Leímos, vimos películas, escribimos, conversamos, guardamos silencio, hicimos ejercicios y nos dejamos provocar, pero no para saber más ni para ganar debates: lo que hicimos (y dejamos de hacer) acompañó el que cada quien pudiera reconocer su propio hilo, atender sus miedos, deseos, vínculos y circunstancias, e hilar cada quien actitudes concretas en su manera de estar en el mundo en relación con lo otro de una manera un poco más auténtica.
Eso fue MADRUGADA 2025: un intento compartido por conocernos a nosotros mismos, recuperar la atención que tantas veces entregamos afuera y volver a estar presentes en nuestra propia vida, no buscando convertirnos en otra cosa, sino aprendiendo, poco a poco, a ser nosotros mismos.
El Cocinero
Agosto 2025
Testimonios
Hay viajes que cuestan trabajo emprender, sentimientos que no reconoces pero sabes que te habitan y modifican tu forma de transitar día a día. Dicen que «al que madruga dios lo ayuda»; dicen también otros que «entre más madrugas más pendejadas haces». Lo que yo encontré fue la intimidad de mi propio ser, intentar reconocerme entre experiencias ajenas, realidades cinematográficas y textos, que sembraron en mí la duda.
La duda sobre un trabajo de atención consciente, de observación de mis sentires y la concordia con mis sombras.
Aquí yo, Adrián Gutiérrez


