CAMPBELL (Las máscaras de Dios: Mitología primitiva, 1959-1968)

“Si no la tienes, imita la fe.”

G.I. Gurdjieff

“Creer, o al menos jugar a creer, es el primer paso hacia un trance divino semejante. Las crónicas de los santos abundan en relatos de las largas pruebas de práctica tortuosa que precedían a sus momentos de éxtasis; también disponemos de los más espontáneos juegos y ejercicios religiosos de la gente (los aficionados) para ilustrarnos sobre el principio formulado [<<Nadie que no sea él mismo divino puede adorar debidamente a una divinidad […] Habiéndose transformado en la divinidad, uno debería ofrecerle sacrificio>>]. El espíritu festivo, la fiesta, el día sagrado del ceremonial religioso requiere que la actitud normal hacia las preocupaciones del mundo se abandone temporalmente en favor de una particular disposición de engalanarse. El mundo está lleno de banderas.

En los santuarios religiosos permanentes —los templos y las catedrales, donde una atmósfera de santidad flota de continuo en el aire— no se puede permitir que interfiera la lógica del hecho frío y simple y deshaga el hechizo. Los gentiles, <<los aguafiestas>>, los positivistas que no pueden o no quieren jugar, deben ser mantenidos aparte. De ahí las figuras guardianas que flanquean la entrada a los lugares sagrados: leones, toros o terribles guerreros con espadas desenvainadas. Su función es impedir la entrada a los <<aguafiestas>>, a los defensores de la lógica aristotélica, para quienes A nunca puede ser B; para quienes el actor nunca ha de abandonarse a su papel; para quienes la máscara, la imagen, la hostia consagrada, el árbol o el animal no pueden convertirse en Dios, sino sólo aludirlo. Tales graves pensadores han de quedarse afuera, pues lo que se intenta al entrar en un santuario o al participar en un festival es ser alcanzado por el estado conocido en la India como <<la otras mente>> (en sánscrito, anya-manas: <<mente ausente, posesión por un espíritu>>), en el que uno está más allá de sí mismo, embelesado, apartado de la propia lógica de autoposesión y dominado por la fuerza de una lógica de indiferenciación, donde A es B y C también es B”.

Referencia:

Joseph Campbell, Las máscaras de Dios: Mitología primitiva, Tr. Isabel Cardona. Girona: Atalanta, 1a. edición, 2016)

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Por Gilberto Santaolalla

Ciudad de México (1977). Psicoterapeuta con 11 años de práctica. Maestro en Filosofía. Esposo y padre. Entusiasta de la filosofía, la escritura creativa, la carpintería, los oráculos y la fotografía. Aprendiz del fuego.

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