Apuntes sobre “¿Qué es el hombre?” de Martin Buber

Martin Buber

A continuación un extracto de citas del libro “¿Qué es el hombre?”, del filósofo vienés Martin Buber:

  • Según Kant, se puede delimitar el campo de esta filosofía en sentido universal mediante estas cuatro preguntas: “1. ¿Qué puedo saber? 2. ¿Qué debo saber?  3. ¿Qué me cabe esperar? 4. ¿Qué es el hombre?”. A la primera pregunta responde la metafísica, a la segunda la moral, a la tercera la religión y a la cuarta la antropología.
  • Pero para nada se ocupa de qué sea el hombre ni toca seriamente ninguno de los problemas que esa cuestión trae consigo: el lugar especial que al hombre corresponde en el cosmos, su relación con el destino y con el mundo de las cosas, su comprensión de sus congéners, su existencia como ser que sabe que ha de morir, su actitud en todos los encuentros, ordinarios y extraordinarios, con el misterio, que componen la trama de la vida.
  • Y se ha dicho también que con el conocimiento de la finitud del hombre se nos da al mismo tiempo el conocimiento de su participación en lo infinito, y no como dos propiedades yuxtapuestas, sino como la duplicidad del proceso mismo en el que se hace cognoscible verdaderamente la existencia del hombre. Lo finito actúa en ella, y también lo infinito; el hombre participa en lo finito y también participa en lo infinito.
  • Sólo por este camino doble de diferenciación y comparación podrá captar al hombre entero, dice Buber, este hombre que, cualquiera sea su pueblo, el tipo o la edad a que pertenezca, sabe lo que, fuera de él, nadie más en la tierra sabe: que transita por el estrecho sendero que lleva del nacimiento a la muerte; prueba lo que nadie que no sea él puede probar: la lucha con el destino, la rebelión y la reconciliación y, en ocasiones, cuando se junta por elección con otro ser humano, llega hasta experimentar en su propia sangre lo que pasa por los adentros del otro.
  • Mientras nos contentemos con “poseernos” como un objeto, nos enteraremos del hombre más que como una cosa entre otras, y no se nos hará presente la totalidad que tratamos de captar; y claro que para poder captarla tiene que estar presente.
  • En el hielo de la soledad es cuando el hombre, implacable, se siente como problema, se hace cuestión de sí mismo, y como la cuestión se dirige y hace entrar en juego a los más recóndito de sí, el hombre llega a cobrar experiencia de sí mismo.
  • Ya hemos visto que la pregunta rigurosamente antropológica que alude al hombre en su problemáticas genuina se deja oír en épocas en que parece como si se rescindiera el pacto primero entre el mundo y el hombre y éste se encontrara en ese mundo como un extranjero y un solitario.
  • Una vez que se ha tomado en serio el concepto de infinito, no es posible ya convertir el mundo en una mansión para el hombre.
  • Hegel trata de dotar a el hombre con una nueva seguridad, trata de edificarle una nueva mansión cósmica. El sistema de Hegel representa, dentro del pensamiento occidental, la tercera gran tentativa de seguridad: después de la cosmología de Aristóteles y la teología de Tomás de Aquino, tenemos la logológica de Hegel. Se subyuga toda inseguridad, toda inquietud por el sentido, todo temor por la decisión, toda problemática abismal.
  • La única excepción la representa una imagen del mundo que se basa en la fe: sólo la fuerza de la fe puede experimentar la perfección como algo asegurado, como algo que nos es garantizado por alguien en quien confiamos, en quien confiamos que saldrá fiador de lo que todavía no es nuestro mundo.
  • Lo que Marx pretende ofrecer a los hombres de su tiempo no es una imagen del mundo sino una imagen de la sociedad, mejor dicho: la imagen del camino a través del cual podrá llegar la sociedad humana a su perfeccionamiento. Las relaciones de producción son para Marx lo esencial y sustantivo, aquello de donde arranca y adonde nos vuelve a conducir.
  • Por que la imediatez repugan por esencia al pensar filosófico.
  • El gran tema de Nietzsche es, propiamente, el problematismo del hombre y este tema le preocupa a lo largo de todos sus ensayos. ¿Cómo puede conocerse al hombre? Preguntaría Kant. Nietzsche “es una cosa oscura y velada”. “El hombre es el animal no fijado todavía”.
  • El hombre de hoy no es “ninguna meta sino una promesa”. Esto es lo que, según Nietzsche, distingue al hombre de todos los animales: es un animal que puede prometer”.
  • Por primera vez en la historia del pensamiento la metafísica aborda con una fuerza y consecuencia desconocida lo concreto del hombre vivo. Le fue posible esto por que consideró al hombre concreto no como ser aislado sino en la problemática de su relación con lo Absoluto.
  • Parece, pues, que Heidegger reconociera como esencial la relación con los demás. Pero, en verdad, no es así. Por que la relación de “solicitud”, que es la que tiene presente, no puede ser, como tal, ninguna relación esencial, puesto que no coloca la esencia de un hombre en relación directa con la de otro sino, únicamente, la ayuda solícita de uno con la deficiencia del otro, menesteroso de ayuda.
  • En la mera solicitud del hombre, aunque se halle movido por la más fuerte compasión, permanece esencialmente encerrado en sí; se inclina, obrando, ayudando, hacia el otro, pero no por ello se rompen los límites de su propio ser; no abre al otro su “mismisidad” sino que le presta su ayuda; tampoco espera en realidad ninguna reciprocidad, apenas si la desea, se mete, como si dijéramos, con el otro, pero no quiere que el otro se meta con él.
  • Es decir, que en el “nosotros” rige la inmediatez óntica que constituye el supuesto decisivo de la relación yo-tú. El “nosotros” encierra el “tú” potencial. Sólo hombres capaces de hablarse realmente de tú pueden decir verdaderamente de sí “nosotros”.
  • Esta triple relación vital del hombre es: su relación con el mundo y las cosas, su relación con los hombres, tanto individual como pluralmente, y su relación con el misterio del ser, que penetra en aquellas otras relaciones pero que las trasciende infinitamente, misterio que el filósofo denomina lo Absoluto y el creyente Dios, pero que ni siquiera quien rechaza ambas denominaciones es capaz de eliminarlo realmente de su situación.
  • Kierkegaard tiene sus reservas en contra de la relación con los individuos porque mediante una relación esencial con los compañeros humanos se impide una relación esencial con Dios.
  • Si intentamos captar al hombre fuera de su conexión esencial con el resto del ser, entonces lo tendremos como animal degenerado, como le pasó a Nietzsche, o como ser espiritual recortado, como le pasa a Heidegger. Únicamente cuando tratáramos de abarcar la persona humana en toda su situación, en todas sus posibilidades de relación con todo lo que no es ella, únicamente entonces podremos captar al hombre. El hombre hay que entenderlo como el ser capaz de la triple relación vital y de elevar toda forma de relación vital al grado de lo esencial.
  • Cuando en mi juventud estudié a Kierkegaard sentí que su hombre era el hombre del saledizo. Pero el hombre de Heidegger ha dado un gran paso decisivo, desde Kierkegaard, en dirección al abismo, donde ya asoma la nada.
  • Sólo aquel que, sumido en el fondo último del propio dolor, sin prescindir de nada de él, se pone en comunión dentro de su espíritu con el dolor del mundo, será capaz de conocer la esencia del dolor.
  • El espíritu como ser particular aparece con el afán creciente que, no contento con sentir el mundo al luchar o jugar con él, pretende ya captarlo, surge con la pasión que trata de ordenar en el cosmos el caos experimentado.
  • ¿Qué es el hombre? Si acertamos a comprenderlo como el ser en cuya dialógica, en cuyo, estar-dos-en-reciproca-presencia se realiza y se reconoce cada vez el encuentro del “uno” con el “otro”.

Bibliografía:

Martin Buber, “¿Qué es el hombre?”. FCE. México. 1973


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