Blancura, una lectura de David Le Breton

Ugo Rondinone ( de la exposición Vocabulary Of Solitude, 16 Dic 2017 – 30 Dic 2018)

Cuando la vida cotidiana nos exige “ser alguien” todo el tiempo, muchos responden con una fuga silenciosa: blanquearse, volverse nadie, vivir al mínimo. A partir de la noción de blancura de David Le Breton, este texto indaga cómo depresión, burnout e indiferencia no son solo diagnósticos clínicos, sino estrategias extremas para sobrevivir a la presión de estar siempre disponibles, visibles y performando una identidad. Tal vez lo verdaderamente enfermo no es quien se borra, sino el mundo que lo empuja a desaparecer.


Blancura,… estado de ausencia

Introduce David Le Breton (revisar la entrada Desaparecer de sí) el término de “blancura” para describir “un estado de ausencia de sí más o menos pronunciado, a un cierto despedirse del propio yo, provocado por la dificultad de ser uno mismo”.

Buscamos la “blancura” cuando nos sentimos saturados, hartas… cuando sentimos una presión, probablemente por estar fatigados, contradictorios en nosotros mismos con lo otro.

Cuando sentimos la exigencia de construir nuestra propia identidad de cara a los otros, abogada por el individualismo democrático de nuestras sociedades. La blancura es ése lugar “[e]ntre el vínculo social y la nada, [que] dibuja un territorio intermedio, una manera de hacerse el muerto por un momento”.


Blancura,… depresión y burnout “una página en blanco”

Dice el autor: “A veces la depresión, el síndrome de desgaste profesional o burnout, el colapso del vínculo de sentido con los otros y con su propia vida, destruyen todo narcisismo y conducen a que el individuo fracase en su intento de aferrarse a su propio cuerpo, soltando amarras con dolor. El sentido desaparece, el vacío se apodera de un yo expurgado [limpio de lo inútil, sobrante o inconveniente], pero la muerte todavía no ha llegado.

No es tan solo el cuerpo lo que se pone provisionalmente en suspenso, sino el individuo entero, y especialmente sus pensamientos, sus apuestas vitales, su relación con el mundo.

El universo de representaciones que lo inundan permanentemente se interrumpe o se enturbia, la mediación de sentido se relaja. El yo desaparece en el blank (en inglés, el espacio no ocupado, vacío). Mantiene su existencia como una página en blanco para no perderse o correr el riesgo de implicarse, de ser afectado por el mundo.”

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Blancura,… e indiferencia

La blancura desencadena en nosotros una indiferencia, nos sentimos aliviados (temporalmente) del “esfuerzo de ser” nosotros mismos, sin necesariamente saber quiénes somos o en dónde nos encontramos; sin sentir responsabilidad por los demás o por nuestra propia existencia.

El mundo nos ha dejado de preocupar, indiferentes, “vagando en un no man’s land” [“tierra de nadie”, refiriéndose a un área sin dueño, desocupada o desolada, y también puede usarse de forma figurada para describir una situación confusa o un estado intermedio entre dos estados o grupos] que requerimos (según nuestro convencimiento que surge de un Yo agotado) para recobrar el aliento (según nuestro criterio blanqueado), y entonces «relajarnos de las tensiones de la vida».


Blancura,… un modo de estar en el mundo

Blancura… es un modo de estar en el mundo. “[E]s esta voluntad de ralentizar o detener el flujo del pensamiento, de poner fin a la necesidad social de componerse en todo momento un personaje según los interlocutores presentes”.

Blancura es la búsqueda de la “impersonalidad”, una neutralidad que pretende no ser afectado por nada, donde sus vínculos sociales se han convertido en desierto, desapegado de manera absoluta. La blancura “es un cierre al acontecimiento”, es decir, un rechazo a hechos que revisten de cierta importancia… ya no hay importancia (la crisis del deseo: Nihilismo). La energía disminuye, se vive “al ralentí”, es decir, con un número mínimo de energía, ni se acelera y no se engrana ninguna velocidad, como que se va con el vuelo como los coches al ralentí. Individuos “devorados por el sentimiento del vacío, que no sufren por nada, no se interesan en nada…”.

Blancura, “supresión”… ser nadie, agotados, “drenado del absceso de ser alguien”. Se “aspira a la invisibilidad”. “El individuo permanece en la superficie del vínculo social, escondido en su personaje, sepultado bajo una existencia que no sabe muy bien cómo llevar a cabo. No se da a los otros, pero tampoco a sí mismo. Se trata de existir lo menos posible y de no encontrarse más en el seno de los flujos de la vida común”.

Soledad extrema que se elige, aunque no siempre es así: puede ser o no una auténtica elección que, sea como sea, se sufre.

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Referencia:

David Le Breton, Desaparecer de sí: una tentación contemporánea, Tr. Hugo Castignani. Madrid: Ediciones Siruela, 1a. edición, 2016.



Sobre el autor:

“Para encontrarse en lo infinito es menester discriminar y unir”.

I’Ching

Libro de las Mutaciones