Apuntes sobre la amistad (E)

Pablo Picasso, La amistad (1908)
Pablo Picasso, La amistad (1908)

5. Correspondencia en la amistad

La amistad requiere de la convivencia pues en ella unos y otros se “complacen y se procuran beneficios”. Sin convivencia no hay presencia de facto sino más bien hay una distancia (metafórica o cuantificable, diría) y, por tanto, la amistad no puede ejercerse, lo que no implica que la amistad se rompa sino solamente que se dificulta su ejercicio. La convivencia permite el quehacer de la amistad en el sentido de hacer posible “el trato” con el otro. De manera que, si la ausencia de los unos y de uno se prolonga parece que la amistad sí puede verse atentada pues sin trato no hay convivencia y, sin ella, se corre el riesgo de que nuestras amistades se deshagan.

Hay que prestar atención a nuestro trato hacia los otros: ¿somos agradables de ser tratados, acompañados, dejarse acompañar por nosotros, o somos más bien agrios? Lo anterior pues, dice Aristóteles, “la naturaleza evita, sobre todo, lo molesto y aspira a lo agradable”.

Amistad no es ni benevolencia ni camaradería. La primera, recordemos, desea el bien para otros sin que necesariamente los otros sean recíprocos y, decíamos, sin reciprocidad no hay amistad pues aceptar al otro como lo hace el benévolo no implica necesariamente la convivencia pues ella requiere que haya reciprocidad: «estoy aquí porque deseo compartir el tiempo juntos» y no más bien «estoy aquí porque deseo no estar solo», por ejemplo. Y tampoco es camaradería pues la amistad no pone de lado el agrado por estar con el otro ni sacrifica el gusto de compartir placer por las mismas cosas.

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De manera que, dicho lo anterior, “la amistad […] se da entre los buenos”, donde lo bueno es ser amable y “elegible” de ser amado (no ser agrio, no ser de mal trato). De tal suerte que, la amistad va más allá de un afecto… es un modo de ser: se es amado porque uno también ama y.también, con uno se es amable porque uno es de buen trato. Es así que Aristóteles puede afirmar que “la amistad recíproca requiere elección” pues cada uno elije cómo trata a los demás (y a sí mismo) lo que apunta a un “modo de ser”.

Y remata el argumento diciendo que “los amigos desean [el] bien de los que aman por sí mismos, no en virtud de una afección [e.g. es que me gustas mucho], sino de un modo de ser; y al amar a un amigo aman su propio bien, pues el bueno, al hacerse amigo, llega a ser un bien para su amigo. Cada uno ama, pues, su propio bien, y devuelve lo que recibe en deseo y placer; se dice, en efecto, que la amistad es igualdad, esto se da, sobre todo, en la de los buenos”.

Referencia:

Aristóteles, Ética nicomáquea (VIII, Sobre la amistad), Tr. Julio Pallí Bonet. Barcelona: Gredos, 2014.

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