AIME (Cultura, 2015)

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“Una noche, mientras estábamos sentados en el patio de su casa, mi amigo Gabin —un historiador de Abomey (Benín), person racional y materialista […]— me dijo: “Duermo poco: me levanto tempranísimo. Una mañana, cuando todavía estaba oscuro, estando aquí mismo, vi un pájaro negro posarse al pie de aquel árbol. Tomé una piedrita, se la tiré y se fue volando. Al día siguiente, tocó a mi puerta un tipo que jamás había visto. ‘¿Por qué me tiraste una piedra?’, me preguntó. ‘Porque no sabía quién eras’, le respondí. El comprendió y me dijo que volvería por la noche, y así fue.”

Cuando le pregunté a mi amigo si se trataba de una leyenda me dijo, con total naturalidad: “No, no; es algo que me ocurrió hace quince días”.

No es sencillo para un occidental comprender ciertas narraciones en las que los hombres pasan de la condición humana a la animal y viceversa. La distinción tajante entre lo que consideramos natural y lo que, en cambio, pensamos que es cultural no coincide con la de otras culturas. Le debemos a Descartes nuestra idea de que la naturaleza no es un todo sino un mecanismo hecho con miles de piezas desmontables y que el hombre es el “dueño y señor de la naturaleza.” AIME (Cultura, 2015)

Por Gilberto Santaolalla

Ciudad de México (1977). Psicoterapeuta con 11 años de práctica. Maestro en Filosofía. Esposo y padre. Entusiasta de la filosofía, la escritura creativa, la carpintería, los oráculos y la fotografía. Aprendiz del fuego.

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