El adolescente existencial

adolescente existencial

  • La adolescencia involucra una variedad de cambios radicales en la vida del individuo en todos los aspectos (físicos, cognoscitivo, emocional, interpersonal, social e intrapsíquico), transformaciones a las cuales tiene que adaptarse a pesar de ser muy angustiantes y a veces hasta traumáticos.

  • El adolescente comienza a pensar de manera lógica, imaginar circunstancias y formular hipótesis coherentes sobre sus posibles consecuencias bajo la influencia de diferentes factores. En otras palabras, su desarrollo cognoscitivo llega a la etapa de operaciones formales.
  • Se da cuenta de lo ilógica que puede ser la vida, lo contradictorios que son en ocasiones los argumentos y las acciones de los adultos.
  • Este universo de incongruencias y absurdos con el que el adolescente se enfrenta, lógicamente le causa desconcierto, frustración y rabia, lo que lo hace preguntarse reiteradamente por el por qué de las cosas.
  • El despertar existencial brinda al adolescente la oportunidad de iniciar el proceso de autorrealización, pero al mismo tiempo le provoca intensos sentimientos de angustia y depresión. El adolescente se siente solo, aislado, separado de los demás e incomprendido; además, con frecuencia, se siente frágil, desamparado e indefenso. Estos sentimientos, que son el reflejo de sus propiedades ontológicas de separatividad, indefensión y mortalidad y que el adolescente comienza a reconocer, se reflejan en depresión, tristeza, ansiedad, llanto desesperanzado, a veces fantasías de muerte.
  • Por otro lado, el despertar existencial hace que el muchacho se dé cuenta que hasta ese momento había estado reaccionando y compartiéndose automáticamente y mecánicamente según lo que le habían enseñado acerca de lo que debía de hacer y no hacer. En esta forma comienza a hacerse consciente de su libertad.  Su reacción es rebelarse a las normas que se le habían estado imponiendo.
  • Al percatarse de su libertad debe enfrentarse con la falta de sentido, el caos, el absurdo; con el hecho de que no hay camino, se hace camino al andar. No hay un sentido predeterminado, orientación, principios o metas externas que le den la seguridad de saber qué tiene que hacer. El debe de ser el creador de su existencia.
  • Gracias a sus nuevas habilidades cognitivas, el chico reconoce que los valores morales son relativos. Más aún, se da cuenta que algunas de las cosas que él consideraba como buenas también son malas y viceversa. No hay verdad absoluta y, en consecuencia, su autoimagen apreciada comienza a confundirse con la despreciada. Todo es caos y confusión.
  • Al darse cuenta de su separabilidad, el adolescente se siente profundamente solo y aislado y en consecuencia empieza a percatarse de que necesita relacionarse humanamente con los demás y sentirse arraigado a un grupo, a una sociedad, a algo que aminore su aislamiento y desamparo.
  • Al irse concientizando de su indefensión, de su mortalidad, el joven se siente amenazado por la inseguridad, la incertidumbre y la certeza de que algún día no será. Por lo que surge la necesidad de dejar huella, de trascender.
  • Los jóvenes se dan cuenta de sus características existenciales. Es importante aclarar que, con mucha frecuencia, el adolescente en realidad no lo hace a un nivel cognoscitivo o racional, sino más bien emocional.  Es decir, el adolescente promedio no se sienta a “filosofar” sobre su existencia y por ello es común que no sepa racionalmente lo que le está ocurriendo.
  • Cuando el adolescente principia a rebelarse y rechazar las normas que le han sido inculcadas, por lo general, comienza a tener fricciones más o menos graves con sus padres, quienes se alarman enormemente por creer que su hijo está desviándose del “buen camino”, por tanto tratan los padres de ejercer un control mayor, lo cual aumenta la rebelión del adolescente. El adolescente se siente en consecuencia más solo, más incomprendido, aumentando su rebelión contra los padres y refugiándose en su grupo de amigos.
  • En este periodo de la vida el individuo debe comenzar a buscar lo que él es realmente, lo que genuinamente es suyo; comenzar la lucha por su verdadero ser, por lo íntimo.

Ideas obtenidas del libro “Hacia un modelo integral de la personalidad, ¿Quién es el ser humano?”. Martín A. Villanueva Reinbeck. México. Ed. Manual Moderno. 1998


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