Adolescencia temprana y tardía

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Los adolescentes, Pablo Picasso

El despertar existencial a la libertad y la responsabilidad

Las transformaciones de la adolescencia (físicas, cognoscitivas, emocionales, interpersonales, sociales e intrapsíquicas) a las que tiene que adaptarse suelen ser muy angustiantes y a veces hasta traumantes para el adolescente.

El alcanzar el pensamiento operacional (capacidad de obtener conclusiones adecuadas y coherentes) le permite darse cuenta, por primera vez en su vida, de lo ilógico del comportamiento de la sociedad en general, y en particular de las personas que le rodean, en especial sus padres.Este universo de incongruencias y absurdos con el que el adolescente se enfrenta, le causa desconcierto, frustración y rabia y le hace preguntarse en repetidas ocasiones: ¿Por qué? De aquí el adolescente se da cuenta que piensa diferente de los demás. El comenzar a darse cuenta plenamente de su propia existencia, sentir y decir “yo existo”, empezar a encontrarse por primera vez consigo mismo, son su individualidad, es el comienzo del despertar existencial.

Este despertar existencial le brinda al adolescente la oportunidad de iniciar el proceso de autorrealización, pero al mismo tiempo le provoca intensos sentimientos de angustia y depresión. Al comenzar a darse cuenta de su propia existencia, el adolescente se siente solo, aislado, separado de los demás e incomprendido; además, con frecuencia, se siente frágil, desamparado e indefenso. Estos sentimientos se reflejan en tristeza, ansiedad, llanto desesperanzado, a veces fantasías de muerte y/o intenso interés o preocupación religiosa.

Por otro lado, el despertar existencial hace que se dé cuenta que hasta ese momento había estado reaccionando y comportándose automática y mecánicamente según lo que le habían enseñado acerca de lo que debía o no hacer. De esta manera comienza a hacer consciencia de su libertad. Por lo general reacciona rebelándose contra las normas que se le habían inculcado; violentamente rechaza los principios que con tanto afán sus padres le habían transmitido, pero al rechazarlos se enfrenta con un vacío indescriptible. Al percatarse de su libertad debe enfrentarse con la falta de sentido, el caos, el absurdo; con el hecho de que no “hay camino, se hace camino al andar”. No hay un sentido predeterminado, orientación, principios o metas externas que le den la seguridad de saber qué tiene que hacer. El debe de ser el creador de su existencia. Pero al concientizarse de todo esto se da cuenta que el camino que escoja será su propia elección, y puesto que es limitado y falible puede “equivocarse” de camino y sólo él será el culpable de su “fracaso”.

Esta crisis se ve facilitada porque, gracias a sus nuevas habilidades cognoscitivas, reconoce que los valores morales son relativos; más aún, que algunas de las cosas que él siempre había considerado buenas también pueden ser malas y viceversa: no hay verdad absoluta y en consecuencia su autoimagen apreciada comienza a confundirse con la despreciada. Todo es caos y confusión.

Surgen entonces las necesidades de relación, arraigo, trascendencia y, sobre todo, de un marco de orientación e identidad.

Al darse cuenta de su separatividad, el adolescente se siente profundamente solo y aislado y en consecuencia empieza a percatarse de que necesita relacionarse humanamente con  los demás y sentirse arraigado a un grupo, a una sociedad, a algo, casi cualquier cosa que aminore su aislamiento y desamparo. Al irse concientizando de su indefensión, de su mortalidad, el joven se siente amenazado por la inseguridad, la incertidumbre y la certeza de que algún día ya no será. Por lo tanto, se necesidad de arraigo se incrementa y surge violentamente la necesidad de que su paso por esta vida no sea estéril, de dejar huella, de trascender. Cuando se vuelve consciente de que es libre para elegir y es responsable, el joven se siente desorientado y amenazado por la culpa potencial de no ser lo que es y lo que puede ser.

Como resultado, principia a experimentar la necesidad de identidad y de un marco de orientación.

Bibliografía: Martín A. Villanueva Reinbeck. Hacia un modelo integral de la personalidad – ¿Quién es el ser humano?.  México. Ed. Manual Moderno. 1998

Por Gilberto Santaolalla

Ciudad de México (1977). Psicoterapeuta con 11 años de práctica. Maestro en Filosofía. Esposo y padre. Entusiasta de la filosofía, la escritura creativa, la carpintería, los oráculos y la fotografía. Aprendiz del fuego.

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