HUXLEY (Las puertas de la percepción, 1954)

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“Vivimos juntos y actuamos y reaccionamos los unos sobre los otros, pero siempre, en todas las circunstancias, estamos solos. Los mártires entraban en el circo tomados de la mano, pero eran crucificados aisladamente. Abrazados, los amantes tratan desesperadamente de Continuar leyendo “HUXLEY (Las puertas de la percepción, 1954)”

MELVILLE (Bartleby, 1856)

“Ah, la felicidad busca la luz, por eso juzgamos que el mundo es alegre; pero el dolor se esconde en la soledad, por eso juzgamos que el dolor no existe.” Continuar leyendo “MELVILLE (Bartleby, 1856)”

SOSEKI (Kokoro, 1914)

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“—Soy un hombre solitario —volvió a repetir esa noche—, pero me pregunto si en cierto modo tú no serás también un solitario. Yo soy ya mayor, así que puedo tolerar la soledad más fácilmente, aunque en tu caso es diferente. Eres joven y tengo la impresión de que Continuar leyendo “SOSEKI (Kokoro, 1914)”

SÁEZ (Ser errático, 2009)

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“El puesto del hombre en el cosmos pivota sobre una invisible posición interrogante que está más acá de la conciencia y de la reflexión, en la actitud que adoptamos ante las cosas. Incardinación interrogante que es más un posicionarse en el mundo que emisión de cuestiones concretas. Somos siempre sobre el suelo de un preguntar informulable, nervadura no objetivable, que abre el campo de juego de las preguntas formulables. Siendo un ser que aprehende sentido, el hombre posa sus pies sobre una tierra que carece de fondo. Habitando el mundo, camina sobre Continuar leyendo “SÁEZ (Ser errático, 2009)”

LÉVINAS (Entre nosotros, 1993)

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“[…] La muerte de otro hombre me acusa y me cuestiona como si yo merced a mi eventual indiferencia, me convirtiese en cómplice de esa muerte invisible para el otro que está expuesto a ella; y como si, incluso antes de ser invocado en cuanto tal, tuviese que responder a esa muerte de otro, como si estuviese obligado a no dejar al otro en su soledad mortal. Y ahí, precisamente en esa apelación a mi responsabilidad respecto del rostro que me señala, que me llama, que me reclama, en ese cuestionamiento, el otro es mi prójimo […] La muerte tiene sentido en la concreción de lo que para mi es el abandono imposible del otro a su soledad, en la prohibición de este abandono que se dirige a mí. Su sentido comienza en lo interhumano. La muerte cobra sentido ante todo en la proximidad misma de otro hombre o en la sociedad, del mismo modo que el mandamiento merced del cual Dios adviene a mi como idea adquiere sentido para mí a partir del rostro del otro.” LÉVINAS (Entre nosotros, 1993)

NIETZSCHE (Humano, demasiado humano, §638, 1878)

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“El caminante. Quien sólo en alguna medida ha alcanzado la libertad de la razón no puede sentirse sobre la tierra más que como caminante, aunque no como viajero hacia una meta final: pues no la hay. Pero sin duda quiere observar y tener los ojos abiertos para todo lo que propiamente hablando ocurre en el mundo; por eso no puede Continuar leyendo “NIETZSCHE (Humano, demasiado humano, §638, 1878)”

La experiencia errática

La experiencia errática

La experiencia errática

Sáez Rueda, en su libro Ser errático: una ontología crítica de la sociedad, se refiere al ser errático (rae: vagabundo, ambulante, sin domicilio cierto) no como el individuo que es expulsado sino “a un estrato ontológico del ser humano”[1], algo que le constituye, pues es de suyo “la creación del mundo [su mundo] desde el mundo”[2]. Un mundo que, al mismo tiempo, habita y desde la excentricidad, es decir, porque mora en un lugar tiene un mundo, pero es un mundo Continuar leyendo “La experiencia errática”