Angustia Existencial

angustia existencial

angustia existencial¿Por qué hablar de angustia existencial si lo que quiero es dejar de “sentirla”?

La angustia existencial puede ser entendida como la fuente de todos los intentos de abrazar, negar o reclamar las incertidumbres de una existencia fundamentada en la relacionalidad. De esta manera, si la angustia engloba la respuesta a las condiciones de la existencia, entonces considerarla como mala, debilitante o problemática limita su papel creador. La angustia puede también ser experimentada como estimulante. Pero sólo nos resulta vigorizante si somos capaces de “permitir la reorganización y reconstrucción de un significado nuevo que puede ser aceptado y apropiado” (E. Spinelli) por nosotros.

Sin embargo, cuando no somos capaces de construir ese nuevo significado, cuando el único sentido posible se nos presenta como peligroso y desestabilizante, entonces la angustia existencial es experimentada como una destrucción y una amenaza a nuestra propia existencia.

Es así que, en la búsqueda de disminuir los aspectos incómodos de nuestra angustia existencial, buscamos desesperadamente afirmarnos verdades, hechos y declaraciones que se mantengan fijas, negando con esto aquellas instancias de nuestra experiencia que dudan o retan nuestras afirmaciones de certeza y de sentido fijo. Perdemos entonces el fermento de la duda como posible estímulo para una nueva consciencia pues se encuentra, una vez más, ahogada por nuestra desesperación.

La angustia existencial como estímulo

A pesar de la connotación negativa que tiene la angustia existencial, su experienciar nos recuerda que nuestra existencia está permanentemente amenazada. Así, siguiendo a Paul Tillich, existen tres tipos perfectamente “normales” y no neuróticos en los que la angustia se manifiesta: a) la amenaza óntica que cuestiona mi autoafirmación, es decir, el hecho de que yo continue siendo el que me digo que soy, b) la amenaza moral, que destruye mi idea de que existo como una buena persona para los demás y c) la amenaza espiritual, que cuestiona que yo exista efectivamente como persona y no un individuo más. Estos tres tipos de angustia nos recuerdan (de manera fundamental) que: nosotros y las cosas a nuestro alrededor tienen un fin, que somos responsables de nosotros mismos y que cualquiera que vive creativamente en sus significados se afirma a sí mismo como participante de ellos.

Entonces, la angustia existencial puede también ser una oportunidad de despojarnos de actividades rutinarias y mecánicas en las cuales suele transcurrir nuestro día a día. La relevancia que tiene comprender lo que nos sucede no es sólo porque sea un momento terrible e incómodo que nos alarma, en que nos sentimos solos, abandonados, dejados de la mano de aquello en lo que confiamos. Sino que en la angustia y en la plena consciencia de estar ahí con coraje, no habrá nada más que nos distraiga; será una valiosa oportunidad de encontrarnos a solas con nosotros mismos, de escuchar en el silencio cómo el misterio de la vida emerge con sus asuntos y dilemas más vitales. Es ahí donde revaloramos lo que somos, nuestro proyecto personal, lo que realmente queremos llegar a ser.

Por lo tanto, la angustia existencial es también una oportunidad de llegar a ser el que se es… pues “para el hombre ser es una tarea ardua y difícil, no como las plantas o animales; requerimos de coraje para mantener la tarea.” (Rollo May) Convencionalmente solemos resolvernos mediante la evasión, postergando, negando, pero, como dice el poeta, “está claro que nosotros debemos atenernos a lo difícil [pues] lo difícil es una seguridad que no nos va a abandonar.” (Rilke)

Así, como dice van Deurzen, “[e]nfrentar la angustia es lo que nos hace tener coraje. Evadirla, tratar de escapar de ella sólo nos dará desesperación.”


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